Esa es una gran canción de ‘dios’ como diría el hombre sabio; y no es para menos pues ese 'dios' de la música es de los pocos que tienen el llamado “oído absoluto” (una sensibilidad auricular tal que reconoce cualquier nota, sea o no hecha en un instrumento musical) y una capacidad de creación increíble. Como fuese C. G. no es el sujeto de esta entrada, básicamente es lo que sigue luego del ‘mí’ y si ahondamos más es en realidad una problemática que enlaza el fin de una era, al menos como mi retorcida mente lo concibe. Empecemos por esto, yo figuraba a este país sudamericano como una de las cunas más prolíficas en cuanto a cultura refiere y aun más, pero los últimos comentarios que me acaban de llegar recientemente del país austral, de la poseedora de la capital más europeizada de esta parte del continente, me han alterado un poco, sabia que su presidenta era una inepta y lo lamentaba por ellos, pero no sabia que el conjunto llamado Argentina estaba pasándola tan mal, y lo queramos o no es nuestra culpa (entiéndase esto como la de cada habitante en su entorno) por elegirlos y mantenerlos, tengamos eso claro. Los ‘argentos’ eran para mí de los más cultos y orgullosos, apoyadores de la buena literatura y la música algo vanguardista (que rompe esquemas, como el metal) y que a la vez disfruta de un buen concierto de cuerdas o de opera; pero el que me digan que los teatros estaban pasando basura, de esa que no será recordada por nosotros los ‘menos’, que las calles estaban rotas, que había un grado de delincuencia mayor que en nuestra capital, más organizado incluso y que sus moradores antes vistos con cierto grado de moda ‘vintage’ sean ahora escasos y que su nivel de cultura y organización sean solo un ‘teatro’ para atraer espectadores mientras esconden celosamente su lado feo, que aparentemente crece sin control. Al menos en Sudamérica esta historia se repite mucho y démosle crédito a la generalización por una vez, esto ocurre a lo largo del globo, siempre explotando nuestro lado bonito y alejándonos de nuestros vicios; yo soy del particular grupo unitario que cree que para este mundo debe ser tomado casi con cinismo, ¿la verdad es asquerosa? si, escupámosla entonces pues no hay que tener miedo de ‘arruinarla’, no la retengamos, dejándola que se pudra y corrompa. El problema que comenzó con los comentarios de una Argentina sobrevalorada tienen el problema de solo la ‘buena critica’ hacia algo, un chef británico de origen escocés tiene algo que decir al respecto ‘en mi restaurante solo escuchamos lo que salió mal’ y al menos todos nos vanagloriamos de lo ‘bueno’ (Nietzsche me hubiese golpeado) que nos dicen, pero nunca prestamos suficiente oído a lo ‘malo’ que nos puedan decir, ‘envidia’ aludimos y no nos damos cuenta que esa es la mejor forma de atacar nuestros males, si aceptamos nuestros vicios nos ayudara enormemente a combatirlos. Y aun más, si aceptamos de donde venimos (creo yo) podremos solucionar más de un problema presente no solo en nosotros, si no en general (no me gusta utilizar esta frase) porque me llene o no la respuesta el aceptar nuestras raíces hace que nos aceptemos más y (al menos) toleremos a nuestros compatriotas y ordenemos de una maldita vez el jodido sistema. Estoy harto de ver y escuchar quejas de malos gobiernos, de decepciones por regímenes diversos o cualquier tipo de orden imperante, como les escribí en la entrada anterior (infiriéndolo de alguna forma), es hora de actuar porque de lo contrario solo lograremos ese estúpido efecto temporal de tranquilidad mientras nos joden de maneras incalculables. Pero hay que actuar de manera inteligente, no como los más, (la gente) que creen que explotando cosas y cerrando carreteras harán cumplir sus ‘derechos’ que, déjenme decirles, no se los merecen y que dirigir las acciones de ‘manera correcta’ (entiéndase esto como la forma pragmática y de ‘hacer que esto funcione’) y con el impulso necesario puede hacer más que cambiar las bases propias de todo lo que conocemos, al menos eso creo.
Au revoir