sábado, 29 de enero de 2011

Zeppelin

‘…a ver repíteme el número…no parece que no estás en el sistema’ esa frase es la que ha desencadenado esta seguidilla inconexa de palabras, eso me dijeron hoy mientras arreglaba algo de papeleo, en ese momento me pregunte ‘en que asqueroso momento empezaste a formar parte de esa podrida manada llamada sistema…’ obviamente divague un poco pero llegue a mi conclusión casi de inmediato, yo no formo parte del sistema, simplemente fue un termino del tipo que me atendió acostumbrado seguramente a ver a tanto borrego caminando al matadero. Entre otras cosas hoy comencé a construir una torre de naipes, se que un viento lo suficientemente fuerte lo puede tumbar pero en este momento se intenta mucho con lo poco que se tiene (una de las formas de mi bien amada eficiencia) y planeo usar todo lo que esté a mi disposición. Pero no nos alejemos del sistema, siempre he hablado mal de él, debe tener sus meritos (tal vez aunque lo veo remoto) y muchos problemas; para mí es simple mierda, no se puede seguir al sistema si uno no es gente, si uno se pregunta cosas, si uno piensa (facultad que se ha venido a menos últimamente) y sabe donde está parado, sabe discernir, sabe diferenciar un mero concepto ‘popular’ y sus propias e incorruptibles bases, y esto ya de manera muy personal, se saben humanos y no aquel que define esa estúpida ley de los derechos humanos (lo que me han leído antes saben de alguna forma hacia donde apunto, porque verán no me cansare de explicarlo, hay gente y personas y aun mas debajo de la gente está la escoria, todo eso merece ser destruido) que no busca más que proteger lo que S. Tankian refiere como “The unthinking majority”. Incluso aventurándome tal vez a un ambiente un poco mas particular, el sistema no aguanta a aquellos a quienes les gusta mantenerse firmes con sus opiniones, pero que está abierto a sugerencias (que en el fondo no harán más que enriquecer –no cambiar- sus bases), que escucha buena música (partiendo de los confines de la música clásica y acercándonos a piezas tal vez menos elaboradas pero igual de increíbles del rock y me animaría a decir incluso, del metal) y a quienes les importa poco los malos comentarios vertidos en ellos, es decir alguien que se ha criado en un ambiente ‘cultural’ digámosle (esto es lleno de estimulaciones ligadas al conocimiento) que no hacen más que sentar ciertos precedentes. Esta semana para mí ha sido particular, la ultima del mes si bien es cierto, pero no marca más que el inicio de una etapa algo distinta, son inicios y como tales oportunidades para seguir saliéndonos de ese molde, de esa manada prefabricada que consume lo que el ‘sistema’ quiere que consumas, a veces pienso en el ‘sistema’ como una suerte de Matrix (mucho menos estilizada, me refiero aquí a la idea) que tiene dentro de él a sus manadas de abyectos y busca con toda herramienta posible eliminar a quienes la ‘desobedecen’. Es un hecho que esas ‘mayorías irreflexivas’ siempre han abusado de esa fuerza colectiva (tal vez la única ‘ventaja’ de las manadas) que tienen para aplastar a los pensantes, para silenciar opiniones novedosas, a veces agradezco que ese mismo sistema haya engendrado al más temido de su hijos bastardos: la tecnocracia, donde el poder lo tiene la ciencia, pero no todo es fantasía utópica allí, en esos casos la ciencia como tal enfrenta también al peor de sus enemigos, al dogma, y la batalla es ardua y solo dependiendo de quién este de mediador se sabrán los resultados, sinceramente espero que la ciencia siga siendo aquel sendero de puertas que se abren y cierran, ese conjunto de marañas demasiado complicadas como para meter ‘en un solo saco’, pero solo el tiempo me podrá decir quien ha terminado por ganar, en el ambiente en el que me desenvuelvo (de momento al menos) sigue ganando la ciencia como la conocemos, al menos nunca se me cruzara dogmatizar la ciencia que conozco, ese sería mi más grave error y si es que en algún momento ocurre sin que me cuenta, por favor a quien corresponda, máteme.


Au revoir

sábado, 15 de enero de 2011

Soy Johnny 99 y esto es...

Ignorance is bliss
Gregory House
Nostalgia, esa palabra completa muchas cosas en este momento, incluyendo el título de la entrada (que por cierto es un programa que deberían escuchar, sábados y domingos a eso de las 9 en radio doble nueve, 99.1 para los que no la conocen) y la verdad no sé por qué la he evocado con tal vehemencia; no sé si es el momento por el que paso, no sé si es el haber pasado StarCraft II y encontrarme con un final tan digno del nombre de esta etapa (Wings of Liberty) o simplemente porque se me cruzaron por la cabeza algunos chispazos de la niñez que até a palabras de amigos que he ido leyendo en estos últimos tres años. Pensar lo arruina todo ¿no creen? Hay momentos en los que odio ser tan racional, momentos arruinados simplemente por el hecho de no poder ignorar mi propia voz, aquella voz siempre insatisfecha que nos hace hablar o ir a buscar algo, y supongo que lo cierto es que tal vez ese buscar, ese resabio a insatisfacción con lo que he ido obteniendo, perdiendo, ganando o cediendo es lo que hace a mi cabeza figurar nostálgica ciertos pasajes de mi vida, ya lejanos pero con cierta impresión de cercanía debo decir. Lo nostálgico siempre me pone meditabundo, siempre armo procesos para saber porque es que pienso en lo que para mí son visiones desfiguradas y ahora idealizadas por algún extraño capricho de mi psique. Preguntare algo que tal vez resulte algo ridículo en este punto ¿quieren saber por qué comencé con el asunto ‘nostalgia’? les responderé porque quiero hacerlo, hoy mientras tomaba una taza de café figuro en mi mente la pregunta ‘¿hace cuanto bebes café?’ y la respuesta fue obvia ‘no lo recuerdo, al empezar debí tener cinco años cuanto mucho’ y fue la edad aquel gatillo que me llevo a recordar lo ‘fácil’ que es la vida cuando se ignoran muchas cosas, lo ‘fácil’ que resulta existir cuando convives diariamente con la amadamente odiada ingenuidad, cuando creemos que nuestros amigos son muchos y que el mundo es ‘ideal’ en cierto modo porque este se reduce a nuestra familia y los lugares a la que esta nos lleva, sé que no es un caso general y eso es lo que me agrada tanto del tema, posiblemente como yo he vivido eso, cientos de otros tipos lo han hecho también, pero no sé cuántos de ellos se hayan detenido y regresado la vista a lo que fuimos, a esos adorables parásitos extorsionadores, y ver el camino que ya hemos recorrido y vernos y sentirnos levemente decepcionados de nosotros mismos porque no somos lo que planeamos, pero como alguna vez me dije, si todo fuera ‘ideal’ el mundo sería una aburrida costra de gente felizmente aburrida (nada más asqueroso que eso. Y saben me alegro de eso, lagrimeo y sonrió al ver en que me he convertido, no soy lo que esperaba, soy más rico en otros aspectos, muy pobre en otros, me amo y me odio, no tengo el más mínimo ápice de respeto hacia mí mismo, me parece innecesario ya que soy un suicida y sádico narcisista y me agrada que sea así. Siempre escuche la pregunta ¿si puedes cambiar algo en tu vida, qué sería? y al principio respondía que me gustaría cambiar muchos pasajes de esta, pero ahora entiendo (bajo mi retorcida manera de ver el mundo) que somos quienes somos por todo lo que hemos pasado, nadie me garantiza que por cambiar algo en mi vida pueda convertirme en parte de esa ‘gentita exitosa y parametrada’ y no llegar a ser el librepensador que soy, en el inquisidor que escribe, en quien confío. Al principio esa pregunta era nostálgica, porque miraba los viejos tiempos y veía con cierta añoranza y malsana envidia esos momentos, quería eternizarlos, pero lo que ignoraba es que eso te detiene; yo miro con nostalgia algunas cosas, soy culpable en ese aspecto, pero busco bajo cualquier medio no detenerme, no decir ‘no me gusto, reinventémonos’, porque si hay cosa peor que detenerse sintiendo nostalgia todo el tiempo por lo que sea, es no ser fiel a nuestra esencia, traicionarnos, eso es lo que deberían observar en vez de esas nostálgicas memorias, ver en qué momento cruzan ese umbral porque (ténganlo presente) una vez que lo han atravesado, ya no hay vuelta atrás y ni siquiera la nostalgia podrá evocar esos dulces ‘viejos tiempos'.


Au revoir