Hoy después de muchas lunas di rienda suelta a mi pluma y logre escribir dos pequeños poemas que me dejaron satisfecho; hoy le rendí culto a mi otro yo, lo deje respirar luego de tenerlo encerrado tanto tiempo tras bambalinas, hablamos y aun en este momento estoy tratando de responderle una pregunta muy procaz que me formulo como jugando antes de encerrarse nuevamente. Hace un par de días me diagnosticaron con algo llamado “síndrome de burnout” (del inglés ‘consumirse’) que básicamente dice que la persona ha perdido la pasión por lo que hacía (posiblemente debido a un ambiente que constantemente genera estrés) y como a la mayoría de médicos, no escucho a este ‘psicólogo’, ¿mi pasión, muerta? imposible, de ser así ya estaría muerto (me conozco -y desconozco- demasiado bien). Mi pasión ha tomado más fuerza diría yo, se nutre ya no solo de una fuente, ha crecido y ha invadido mundos cercanos; creo que este tipos de cosas (psicólogos hablando de lo intangible) pasan cuando me involucro demasiado en su mundo, ese tipo de desaciertos ocurre cuando pierdo concentración y solo se resume a eso, baje la guardia y exteriorice más cosas de las que normalmente quieres mostrar, obviamente siempre nos malinterpretan. Pero mi monologo debe terminar, la pregunta en cierta forma se relaciona con el ‘burnout’ y toda la palabrería que ha ido a su lado, ¿puede morir algo dentro de nosotros que nos impida hacer otras cosas? creo que esta debe ser una de las preguntas más interesantes que les he hecho a los pocos anacoretas que siguen leyéndome, de inmediato podríamos pensar que es posible, pero la psique humana (en general) es demasiado compleja (y simple) como para poder predecir que puede o no hacer, nadie puede decir que hace algo porque algo dentro de él murió, eventualmente nos podemos librar de todo cuanto poseemos (inmaterialmente hablando) es arduo, es cataclísmico y eventualmente es autodestrucción pero podemos librarnos de las cosas a las que hemos estado acostumbrados, como la inocencia (el hecho de actuar sin malicia) pues se supone que todos conservamos algo de estas, la diferencia radica en que nosotros podemos ‘matar’ esa parte (expectorarla) y seguir nuestro extraño camino. Como les escribí anteriormente, no hay peor cosa que detenerse, incluso si la excusa es alguien especial muerto. La muerte es un mero viaje hecho para mentes tenaces y lo menos que queremos en nuestra ausencia es que los demás se detengan porque nosotros abandonamos esa coraza corpórea, si yo muero (o me suicido, lo que ocurra primero) supongo que alejare lo más que pueda a mi familia y los pocos que me importan, haría que me odien, cualquier cosa que les permita avanzar en mi ausencia, ignorando precisamente eso porque sé que mi naturaleza sádica ha maquinado perversamente todo eso para hacer sufrir a todos cuanto me rodean y finalmente atraerme al masoquismo emocional (por ponerle algún nombre) y esto incluso me daría más motivos para continuar haciendo lo que me gusta, precisamente porque es una forma de desahogo y a la vez de responsabilidad que nos ata a ciertas tareas. Como ven para mí no hay motivo alguno para detenernos, se puede replantear algo mientras seguimos andando para luego cambiar el rumbo (o corregirlo para ser más precisos) para no perder tanto tiempo, aunque este tanto como el amor está sobrevalorado la mayor parte del tiempo. La semana pasada comprendí que aunque me gustaría criar un niño me desagradaría invitarlo a este mundo, aun cuando los protejamos un tiempo el choque eventualmente los alcanzara pero de hacerlo no lo llevaría por la típica senda del estudiante universitario, le ofrecería simplemente mi apoyo para lo que quiera ser, siempre y cuando él lo haya elegido porque esa idea estereotipada en que solo se puede alcanzar el éxito pasando por aulas de una universidad, graduándonos y buscando un mejor trabajo que nuestros padres es algo irrisoria en estos momentos; porque finalmente son esos eventos no deseados los que matan la poca pasión que habíamos cultivado en nosotros y nos llevan a bordes desesperados de nuestra psique en busca no solo de respuestas si no de una solución en concreto que muchas (lamentables) veces termina siendo la elección de la salida de emergencia, aquella que solo puede ser cruzada una vez y por mano propia. Así que de ser ustedes replantaría mis puntos de vista y trataría de ampliar mis horizontes.
Au revoir