Ayer hice una visita poco coordinada a un lugar que no conocía y que aun ahora no se si quería conocer o algo que aun yace etéreo para mí me empujo simplemente a probar suerte, a ver si el capricho había cambiado. Pues no, me ha llevado un tiempo digerir eso ‘tu pensabas algo más, no es así’ circula por mi cabeza; y es tal vez la verdad, no esperaba más de un voluble menester y sinceramente no esperaba enlazar temas tan…apresuradamente. Hoy quiero y ese es básicamente el asunto de este escrito, el querer. Empecemos por algo, yo veo esta palabra (y sigo la línea de pensamiento de Cortazar) algo prostituida, venida a menos en realidad, no me gusta ofender al oficio más antiguo de la historia. ¿Por qué? simple, miren a su alrededor, cuantas veces la han visto, escuchado, leído; lo triste es que la carga emocional que al menos yo le doy a esta palabra suele ser cuanto menos peculiar, no la uso a la ligera porque yo le doy cierta importancia a los particulares demonios que conjuro cuando hablo. Yo creí querer a muchos, ilusiones superficiales en realidad, triste ¿no? pero la soledad nos arrastra a situaciones de ese corte, nos ciega, porque incluso ella está harta de sí misma. No somos monstruos por querer disolvernos en esta sociedad, simplemente hemos sucumbido a los encantos de la compañía, pocas cosas tientan como ella; no nos desviemos, les daré mi ‘peculiar’ definición de querer: Resumámosla, cuando sientes que puedes sacrificar unas horas de tu preciado tiempo para hablar y verle la cara a alguien, de tomarte un respiro de ti incluso para un momento que yo considero grupal (entiéndase, no egoísta) y que provoca cierta satisfacción, que nos arranca una sonrisa, cierro mi definición con esto, solo se quiere a amigos. El resto son caprichos, volubilidades de nuestra propia persona por la abstinencia que provoca la soledad. Sé que últimamente nunca recibo algún comentario pero no está demás preguntar si hay concepciones diferentes, quiero saber que piensa quien me lee (si es que lo hacen) porque mal que bien, podre hacer alguna retrospectiva y ver si me he equivocado escribiendo algo aquí, como ya escribí somos nuestros errores más que nuestras aciertos. Bien, la ilusión, esa ilusión que captan los sentidos y que hacen errar el juicio que normalmente tenemos y nos lleva a proferir una palabra de más en una situación que puede malinterpretarse nos hace poseedores de una forma ‘encantadora’ de autoflagelación, ya sea porque sabemos que no es cierta o peor que sabemos podría generarse; suposiciones, ‘comida de coco’ como me recordaría el hombre sabio. Ya me han leído suficiente por hoy, pero antes de terminar les dejo algo que deberían tener en mente desde ahora, la próxima vez que digan ‘quiero’ o mejor que se lo digan a alguien miren a la persona a los ojos, la sensación es cuanto menos placentera cuando de verdad se siente.
Au revoir