Aun no aclaro mis ideas, pero empezare por aclarar el título de ayer, el hecho de haber usado la expresión “grapas en los ojos” (que se me ocurrió mientras leía una columna de un diario local aquella tarde) fue para referir a la manera en que la gente ‘ve’ la política o aun más preocupante (y es ahí hacia donde apunté) el hecho de ‘ver’ la problemática nacional. Fräulein escribió alguna vez “Todas las personas vemos, pero son muy pocas las que observamos” y no es que eso me haya servido de apoyo para ver la frasecilla que he acuñado a mi léxico, si no que a partir de esta recordé aquello, y muy a mi pesar debo decir que ella tiene mucha razón. Es ese solo mirar el que destruye y todo, el hecho de decir simplemente ‘pobrecitos’ o responder de mala gana ‘¿qué puedo hacer yo?, ese es su problema’; el jugar a ser simples observadores nos ha condenado de cierta manera a permanecer con los brazos cruzados cada vez que se presenta algo que merece cierta atención, cierta reflexión que necesita (es imperativo) hacerse pública. Lo lamentable es que quienes comienzan a levantarse son silenciados porque como escribí alguna vez que mejor que tener a una bandada de ignorantes que acarrear al matadero (lo que a mi corrosiva opinión se ha transformado la sociedad, un matadero que produce mierda en masa), que dirigir, que poner a trabajar para que sigan produciendo todo cuanto quieren compremos. Debería hacer un alto porque me guste o no formo parte de ese consumismo predatorio que tarde o temprano alcanzara un punto crítico, “el dinero mueve el mundo” como bien se escucha corear en todo este tumulto de seres informes. La barrera que se nos impone a los menos para estos casos es bastante opresora, el hecho de hacer público por cualquier medio lo que pensamos por suerte es posible estos días (como aquí) y lo aplaudo grandemente pero es como muchas cosas un arma de doble filo, en este gran torrente de información esta gran arma también nos hiere y muchas veces más de lo que creemos. Regresando sobre mis letras, les pediría que dejen de quejarse todo el tiempo, mi generación está plagada de esa estúpida contradicción del ‘quéjate, marcha y critica; pero cuando tengas la oportunidad de cambiar algo, ignórala, ese es problema de otros’ y muchas veces creemos que tenemos el pleno derecho a quejarnos, a seguir fomentando el desorden, a alzar la voz si alguien cruza las manos y nos dice ‘está bien, te escucho, pero propón algo’, a cerrar pistas y tomar canales de televisión cual embajadas para evitar un arresto que ‘esta fuera de sus derechos’. Los tumultos, contradicciones y demás cojudeces siempre existirán y como les escribí alguna vez solo podemos ser parte del problema o parte de la solución, ustedes eligen y piénselo bien porque de un lado no habrá piedad y el fino velo de los ‘derechos’ se verá desgarrado para finalmente superar ese problema. Ya se ha acabado la época de la honestidad, se intento, siempre estará allí esperándonos, pero por estos días se ha hecho a un lado para dar paso a esa dulcemente podrida contradicción de creer que debemos escucharlos porque se tomaran represalias; cuánta razón tenía el maestro Borges al afirmar que la democracia era una ilusión, es en estos casos prácticos que uno lo ve claramente, es cierto también lo que me decían ‘no existen medias tintas’, mi iluso carácter conciliador insistía en ello pero con situaciones como las que vivimos ya no existe ese término que el lenguaje denomina acuerdo, eso es solo privilegio de las personas racionales, de nada sirve tratar de acordar algo con una turba (incluso los ‘dirigentes’ de tal atrocidad). Ahora mi cruel imaginación acaba de evocar a un jerarca racional y cruel (una virtud a mi entender, ya les explicare esto en la próxima entrada), carismático para conveniencia suya que moviliza ‘las masas’, que ha sabido tejer la red de poder muy por encima de aquellos que siempre estarán prestos a colgarse de aquel olmo enmarañado y que adicionalmente se ha rodeado de personas capaces que entienden su maquinar, y que comparten su forma particular de ver el mundo ¡Oh, que glorioso seria eso! No necesitaría más de seis de aquellos comprometidos con las ideas propuestas en un principio, pero este utópico escenario tiene un punto de quiebre lamentablemente, ¿cómo llegarían a donde pertenecen, qué camino tomarían? y ¿cómo deberían ser las cosas una vez instalados, que camino deberían tomar? Escenarios ucrónicos como estos son difíciles de analizar (al menos para mí, pues no sé cómo funcionan los sistemas de gobierno en su totalidad y aun peor no me gustan los modelos actuales, tendría que ponerme a pensar en esto) pero no hay revolución pacífica que haya resultado, el camino por el que deberían encaminarse es el de las armas (para todos los que se juran izquierdistas, deben saber que sus pensadores entendían que esa era la única manera de llegar), es problemático porque como bien me lo menciono el hombre sabio “no puedes gobernar sobre cadáveres”, pero todos los que se adhesionen a la causa sabrán que ese sacrificio es necesario, que de esa forma se sabrá que ellos están comprometidos con un ideal y que por ello no vacilaran para conseguirlo. Creo que me desvié completamente de lo que inicialmente estaba escribiendo, pero creo ha valido la pena, les dejo ese par de cosas para que los inquiete un buen rato, pero quiero terminar mi idea inicial; bien, por dejar de quejarnos tampoco nos quedaremos callados, lo cierto es que existen maneras de hacer sentir (valga la redundancia) un sentir particular, veo con cierta expectativa que hay más personas que muy tímidamente se preguntan si las cosas pueden ir mejor y tratan en lo posible de llegar a respuestas que al menos los satisfagan (por muy imprácticas que puedan ser) y no se quedan a medio camino. A esos que se quedan en el camino levantando el brazo porque no regresan por ellos los carcome la ira, el deseo de venganza (de forma infantil) y las ganas de que si ellos no pueden tener ‘eso’, nadie lo tendrá; eso es un caviar y a mi entender no existe peor ente en mi nación que esa podrida clase ‘política’, aunque más bien termina siendo una suerte de plaga social, y les diré que aunque odian el hecho de ser ignorados (comportamiento básico que opta alguien racional que se topa con ellos por primera vez) lo que realmente detestan es que uno los mire y una sonrisa muy leve tome forma delante de ellos, el hecho de que se burlen de ellos es inadmisible y es por eso que disfruto tanto jodiendo a ese particular sector de mi cada vez más despierto entorno.
Au revoir
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