miércoles, 19 de octubre de 2011

Unterlassung

Últimamente llevo una idea en la cabeza, que incluso podría ser más ‘vieja’ solo que es por estos días que ha tomado un matiz peculiar. No sé si he escrito de esto antes, no sé si será breve pero creo que valdrá la pena. Culpa, a eso se reduce, ¿qué es? o aun más importante (creo yo) ¿por qué la sentimos? hay veces que no me cuadra completamente la idea, parece más una traba que algo realmente útil y de alguna manera lo más desesperante es que por más alejados que estemos de la realidad podemos sentirla, con toda esa furia reprimida que nos lleva a preguntarnos a quien jodimos, si bien hasta ahora solo he dado vueltas en círculos me pareció una buena forma de introducir el problema. Bien, pues a mí me parece que la culpa es algo que nos ata a todos, es como la muerte de alguna forma, siempre nos alcanza y lo curioso (lo realmente curioso) de la culpa es que no es solo por el accionar, también ocurre porque dejamos de hacer algo, porque no lo pudimos mejorar, pero exactamente que es. Hay una definición que me llamo la atención y es esta: “voluntaria omisión de diligencia en calcular las consecuencias posibles y previsibles del propio hecho” [Francesco Carrara], obviamente este término hace referencia al marco jurídico pero me parece que en el fondo dieron en el clavo con la definición. Ahora la segunda pregunta es aun más jodida, porque depende de la situación, el momento, incluso el ánimo; una palabra basta o por el contrario no decir palabra alguna y supongo que el segundo caso siempre suele ser el más complicado, al menos para mí, porque acarrea más posibilidades en el infame “y si…” lo que si incluyes en una personalidad perfeccionista (o al menos que se dice serlo) te dará un bonito coctel para la autodestrucción mediada por ese irreverente sentir. A veces aprecio la ironía del caso, yo he tratado de cambiar la culpa por algo un tanto más delicado de manejar pero que a su vez es más fácil de sobrellevar en el tiempo, me gusta compararlo con la palabra inglesa ‘burden’ o la también inglesa metáfora ‘albatross’; es curioso como tratamos de engañarnos constantemente, el hecho de decirnos libre de culpa realmente es algo mayor, ese tipo de actitudes que de alguna manera me deriva en las religiones a veces me enferma, que la culpa se irá si rezamos, y que tu dios te perdonara, sinceramente si tú no puedes perdonarte no espero que algo más pueda quitar esa carga de tu consiente mente, porque la culpa trasciende la aceptación, porque la veo como maldición a la propia existencia pero que compone un curioso regulador del comportamiento (supongo que ese es su origen, un candado para los miembros de una (in)útil sociedad que se ha acostumbrado tanto al sentimiento que ya es inadmisible librarse de él) universal, porque, una vez más, la culpa es algo que trasciende todo, esta tan bien ideada que ya no nos podemos librar de ella, al menos no sin cruzar el solitario umbral del ‘más allá’, ese que tantos temen pisar pero del que guardan tanta fascinación. Al final de cuentas si nos libramos de esa carga, ¿de qué seriamos capaces? Realmente curioso, no puedo evitar sonreírle a esa posibilidad.


Au revoir

jueves, 6 de octubre de 2011

Schmutzig

Hoy me levante y pensé ‘mierda, ya va un mes y no he escrito nada’, mi producción está (o estuvo, hasta este escrito) totalmente paralizada. Quién sabe si por simple desidia o preocupaciones infrahumanas, lo cierto es que le he puesto fin a esto y creo que al menos por ahora es lo importante.

El mundo avanza, crepitante bajo nosotros, como gimoteando por achaques en toda su superficie; el mundo se hace aburrido en la medida en que nos vamos encasillando en la cotidianidad de los hechos (porque no decirlo, las costumbres) que acontecen día a día y de los que parecemos tan diáfanos que a veces nos es ajeno. Pero que por más raro que parezca siempre genera algún comentario de nuestra parte (me excluyo) y el problema naturalmente deviene cuando parecemos atemporales a ello, ‘indiferentes’ como mal nos llaman, no nos importa el dolor de otros o la información vacía que proporcionan, todas estupideces. Todo eso realmente me provoca preguntarme si realmente soy indiferente al hecho en sí; si es así supongo que esa nausea por saberme atemporal y ajeno a este plano está bien fundado, pero eso no me preocupa, me preocupan los otros, los que aun están en medio, desapegándose de todo cuanto los rodea, tratando en vano de alcanzar este plano y alzándose como falsos profetas. Lo triste es que tal vez cuando un más se cruce en el camino de un verdadero atemporal tal vez piensen ‘pobre posero’, aunque claro yo sé quién soy, solo los veo y me rio ‘pobres idiotas’.