Hoy me levante y pensé ‘mierda, ya va un mes y no he escrito nada’, mi producción está (o estuvo, hasta este escrito) totalmente paralizada. Quién sabe si por simple desidia o preocupaciones infrahumanas, lo cierto es que le he puesto fin a esto y creo que al menos por ahora es lo importante.
El mundo avanza, crepitante bajo nosotros, como gimoteando por achaques en toda su superficie; el mundo se hace aburrido en la medida en que nos vamos encasillando en la cotidianidad de los hechos (porque no decirlo, las costumbres) que acontecen día a día y de los que parecemos tan diáfanos que a veces nos es ajeno. Pero que por más raro que parezca siempre genera algún comentario de nuestra parte (me excluyo) y el problema naturalmente deviene cuando parecemos atemporales a ello, ‘indiferentes’ como mal nos llaman, no nos importa el dolor de otros o la información vacía que proporcionan, todas estupideces. Todo eso realmente me provoca preguntarme si realmente soy indiferente al hecho en sí; si es así supongo que esa nausea por saberme atemporal y ajeno a este plano está bien fundado, pero eso no me preocupa, me preocupan los otros, los que aun están en medio, desapegándose de todo cuanto los rodea, tratando en vano de alcanzar este plano y alzándose como falsos profetas. Lo triste es que tal vez cuando un más se cruce en el camino de un verdadero atemporal tal vez piensen ‘pobre posero’, aunque claro yo sé quién soy, solo los veo y me rio ‘pobres idiotas’.
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