Escuchar a Liszt mientras recuerdo cosas de mi época en la
secundaria es tan disímil. Alguna vez les escribí que me comportaba con ciertos
rasgos camaleónicos, usaba mascaras, ponía barreras entre mi ser y el mundo porque
ya desde entonces conocía la diferencia entre la gente y las personas y me vi
rodeado de gente, uno siempre lo está. Y recordé toda esa fase porque una
compañera de letras me invito a una reunión con ‘la promo’, invitación que
rechace casi inmediatamente, yo no siento nexo alguno con esos tipos con los
que compartí aulas, no soy déspota simplemente nunca se dio un verdadero nexo,
no hubo amistad alguna, solo camaradería de esa que hay en salones vacios para
agradar, con esto tampoco me llamo hipócrita, porque algunas de esas ‘amistades’
fueron interesantes, constructivas, como la de mis compañeros de letras, grupo
que cada vez se deteriora más porque nunca existió realmente un nexo que
interesara a algunas partes, almas acostumbradas a la rutina que veían en otros
algunos aspectos que les permitían escapar de esa malsana realidad que tal vez
detestaban pero sabían necesaria. Esas amistades vacías quisieron
reencontrarse, pero yo dije no, la verdad tengo mejores cosas que hacer en este
momento y siendo algo más duros con el comentario, hay otras personas con las
que prefiero pasar más tiempo ahora; incluso hay cosas que prefiero aclarar
antes de volver a salir con otros y mi tiempo se vuelca en eso en este momento,
pero se nos malinterpreta con una facilidad difícil de imaginar. No negare que hubo
algún interés en algún momento por sujetos particulares pero en esa reunión creo
que se abrirían tantas heridas antiguas de uno u otro, se recordarían cosas y
se miraría con nostalgia todo, lo miraría con asco también porque nunca
disfrute de esos años, lo único que puse a prueba allí fue mi capacidad de adaptación,
mi capacidad de abstracción y mi extrañamente impetuosa facilidad para ignorar
a otros, así que pregunto ¿para qué ir? no voy a disfrutar ese tiempo, molestaré
a otros tal vez y trataremos estúpidamente de actuar como cuando estábamos en
ese tiempo, tal vez a alguien le podrá parecer interesante pero a mí la verdad
solo me incomoda. Dos cosas importantes aquí, a veces es mejor rechazar una invitación
porque sabes perfectamente que no iras con ganas suficientes y aburrirás a
otros, no soy considerado solo juego con mi propio aburrimiento, ¿de qué
conversar? si ni siquiera sabes que estudia el otro, un montón de preguntas
sueltas que tal vez estas cansado de responder y una premisa única de contestación
‘que bueno…me alegro’ eso si es hipocresía, yo he decidido que no quiero formar
parte de eso, hasta cierto punto se necesita cierto descaro pero cierta valentía también para
admitirlo; el segundo punto es algo más fácil, nunca hables de más, a veces
quedarte callado resuelve mejor las cosas porque no ofendes a nadie y no te prestas
para malinterpretaciones . Nuevamente ¿para qué ir entonces? no quiero
aburrirme, no quiero pelear con alguien que me malinterprete, no quiero cerca y
codeándose a tipos con los que alguna vez me enemiste, no quiero limar
asperezas ni tampoco descubrir como son ahora las pocas ‘amistades’ que
llamaban mi atención en esos tiempos porque valgan verdades, yo nunca fui ‘yo
mismo’ en esa época. No son escusas, son declaraciones y sé que no puedo
retractarme o corregir algo; y francamente no lo hare porque así es como veo
las cosas ahora, no hay nada de qué arrepentirse aquí.
Au revoir