El termino en concreto refiere a dos cosas, una personalidad con la que intento hablar y la otra pues es la clasica definicion wikipediesca que nos dice que es la denominacion japonesa de 'los dioses de la muerte' (un shinigami es basicamente eso), pero aqui no significa más que el inicio de un nuevo ciclo que intentare acoplar a mi 'opus magna'. Por otro lado, mañana se acaba el año, tratare de escribir algo relacionado a eso pero por ahora limitence a los margenes que ofrecen las casi tres paginas que acabo de escribir hoy, hasta una nueva entrega si asi lo quiere mi pluma.
Au revoir
En qué momento podemos decir que estamos completamente conscientes, el grado de inconsciencia siempre está con nosotros, acurrucándonos, salvándonos de la total racionalidad porque incluso el más racional de todos los hombre puede soñar, no imagino realmente el tormento de las pobres maquinas que usamos aunque a veces me sobrecoge la pregunta ¿pueden acaso las maquinas soñar? ¿Pueden acaso las maquinas generar emociones a través del tiempo? pues si lo hacen hemos de considerarnos jodidos, el desarrollo de las maquinas nos ha facilitado tanto la vida y por otro lado nos ha aislado tanto, nos hemos hacho tan dependientes de ellas que no me imagino vivir sin ellas en este momento, en este mundo donde incluso ya hemos comenzando nuestra ‘maquinización’. El artículo que escribía en ese momento era para una revista de aquellas que tanto abundan por los rincones de olvidadas librerías que encuentran cobijo en ojos de extraños lectores impulsados por la curiosidad en lo que estas épocas han tildado de prohibido, pero también es de las pocas que aguantaba tener un escritor como yo; escribía en una pequeña terraza y solo deje de escribir porque traían mi café, señale con el dedo como para no distraerme tanto, le agradecí a la muchacha que salió rápidamente de la pequeña terraza, metí las manos a mis bolsillos y encontré mi cajetilla de cigarros en una, saque uno y lo prendí. Aspire aquel malsano humo y disfrute de esa extraña sensación por un par de segundos, expire, volví al trabajo pero antes de poder continuar una voz llamo a por mí ‘señor Tagen…’ dudo una voz femenina muy agradable ‘es usted Teufel Von Tagen’ volvió a decir, cerré la pequeña pantalla que tenia frente a mí ‘Rouse, ¿verdad?’ dije mientras me levantaba y extendía mi mano, ella la estrecho tímidamente y la invite a sentarse ‘no te molesta…’ le dije mientras hacia un ademan para tratar de señalar el humo del cigarrillo ‘un poco, para serle sincera’ dijo avergonzada ‘no pasa nada’ le dije con tono despreocupado, apague el cigarrillo y tome un sorbo del brebaje que tenia servido en mi taza, el resabio de aspereza y fuerza, pero de delicadeza a la vez, que tenía ese café fue particular, me quede callado mirándola hasta que ella lanzo la primera pregunta de esa desventurada velada.
‘¿Es usted quien dice ser?’ pregunto jugando con sus manos debajo de la mesa para aliviar algo del nerviosismo que hacía temblar su frágil figura ‘jawohl’ respondí mientras seguía bebiendo tranquilamente aquella sublime mezcla, solo la mirada de disconformidad con la respuesta que ofrecí me hizo dejar la taza a un lado ‘lo soy señorita Madico, parezco descuidado, lo sé , pero que las gafas no la engañen’ le dije mientras dejaba mis anteojos sobre la mesa ‘ la invito a dar una vuelta, ¿quiere?’ ofrecí gentilmente, un escalofrió parecía haberla recorrido, deje de mirarla directamente a sus redondos ojos pardos, su tono de voz me dijo que estaba un poco más calmada ‘está bien, pero no se aleje mucho, hará que mi viaje de regreso se alargue’ respondió ‘no te preocupes, te dejare en tu casa, ahora eres mi cliente’ dije guardando mi portátil y mis gafas en un maletín, se sorprendió un poco por la sentencia final, pero no dijo nada, se limito a asentir, abrí la puerta que nos separaba del lobby principal del café y espere a que saliera, bajamos, pague mi cuenta y nos dirigimos parsimoniosamente al estacionamiento, en un silencio que creo fue más incomodo para ella que para mí ‘¿Cuántos le llevaras a esa niña?’ me pregunte de pronto, ya tenía ideas surcando mi cabeza para la próxima columna. Abrí la puerta del Mini Cooper y la invite a pasar, ella sonrió nerviosa y entro al auto, acomode mis cosas en los asientos traseros y arranque el auto ‘¿Cómo puede alguien como usted estar tan tranquilo?’ me dijo de pronto, su voz la delato, aquella curiosidad estaba impregnada del dulce olor del miedo ‘¿Cómo has podido llegar a mi?’ devolví ‘créeme la forma en la que vivo es la que menos debe preocuparte, pero diré que el hecho de ser columnista de un diario y una revista te posibilita saber algunas cosas de primera mano que el resto ignora o pasa por alto, digamos que nunca he sido bueno para apoyar a las masas y eso me ha servido de maravilla hasta ahora’ respondí, ella se limito a esconder su mirada, había olvidado que esos negros ojos míos eran tan penetrante, me disculpe, al parecer ella no me escuchaba, se había ensimismado buscando algo, como temiendo que se hubiese perdido. Un pequeño de suspiro de alivio hizo que la mirara con el rabillo del ojo ‘veo que has encontrado lo que buscabas’ dije estúpidamente, ella rio nerviosa y me extendió una pequeña tarjeta blanca, el único carácter que llevaba escrito era un número, 625, sabía perfectamente que era, yo había hecho algunas de esas tiempo atrás cuando había decidido empezar a introducirme a ese mundo, tal vez no se me notaba mucho pero en el momento en que Rouse llego estaba celebrando un onomástico más, el numero treinta y cinco para ser precisos, pero bien me lo dijo mi mentor “llega un momento en que un hombre ya no celebra ese tipo de cosas”, en mi caso ‘eso’ había ocurrido hace unos diez años, cuando el entrenamiento de aquellas fuerzas paramilitares termino su trabajo conmigo, los rezagos de aquel inhumano entrenamiento nos habían preparado para derribar a un hombre que nos doblara en peso y también para sobrevivir al choque psicológico que supone un disparo, sea donde nos cayera, el objetivo era estar en pie y derribar al enemigo sin importar el costo, no querían hombres muy fornidos ‘les quita movilidad’ decían, especializados en armas blancas aunque yo había pedido entrenamiento especial en armas de largo alcance (donde me desenvolvía mejor), llegando a modificar un rifle Barrett M82 para duplicar su potencia y triplicar el rango efectivo de disparo, todo eso sin perder precisión, supongo que a la larga eso me había mantenido vivo, pero una cosa fue cierta, no me veía mucho tiempo en el negocio por eso me puse a trabajar con la prensa escrita, desde pequeño siempre había encontrado fascinante al periodismo gonzo y aunque no tenía demasiados escritos de ese tipo, fueron esos modelos los que me arrastraron a ser columnista. Rouse aun extendía su delicado brazo, tome la tarjeta y se la devolví, asentí con la cabeza antes de responder ‘si, son mías’, ella titubeo un segundo ‘entonces cree que podrá ayudarme…’ dijo, cuadre el auto a un lado de la carretera, habíamos llegado a uno de mis lugares favoritos, ya casi era ‘la hora mágica’ y la locación era perfecta ‘bajemos y hablaremos del tema con calma’ la invite, ella obedeció.
Aquella pequeña ‘playa’ si se le podía llamar así al pequeño descampado que nos esperaba, era agradable a la vista, algo descuidado por el mismo hecho de estar en una bajada de carretera, pero la vista era hermosa, solo un curioso pararía allí para ver el espectáculo que representaba el sunset ‘no te parece que esta es una de las mejores vistas que nos puede ofrecer Lima, la gris…’ le dije con aire distante, su semblante había cambiado, se veía sobrecogida de alguna manera por la gama de colores que se extendía en el cielo, no pronunciamos palabra alguna durante unos diez o quince minutos, luego vinieron sus preguntas ‘podrás ayudarme, ¿verdad?’ volví mi mirada a la suya ‘has venido hasta aquí, en este punto seria descortés decir que no’ le respondí ‘pero aun no sabes quién es…’ dijo prácticamente con un hilo de voz ‘no me importa, nunca he rechazado un trabajo…eso hace que encontrarme sea más difícil, no ofrezco un solo patrón concreto a la policía más que mis balas cifradas’ dije con aire algo burlón ‘podría pedir que asesines a otro de tus clientes, ¿no tienes problemas con eso?’ pregunto ansiosa ‘tendría problemas si sabes de otros clientes, se supone que quien te dio esto…’ dije mientras mostraba la pequeña tarjeta blanca ‘¿Cuándo has…?’ trato de decir ella ‘no tiene importancia, pero como te decía se supone que has recibido esto de uno de mis cliente, un amigo o conocido tuyo que al haber oído tu voz de indignación te envió con este “shinigami” para que cerraran un trato’ dije altanero ‘si sabes de más de uno supongo que tendría que matar a quien maneja la información, tú en este caso, y la persona a quien sabes he…‘ayudado’…en el pasado’ le dije acercándome, parecía que ella tenía algo entre las manos, vi un pequeño brillo entre sus dedos que rápidamente se abalanzaron sobre mi ‘no te acerques más’ una pequeña hoja se asomaba entre dos de sus gráciles dedos, había esquivado el golpe con un movimiento rápido ‘son supuestos fräulein, además si hago esto…’ dije acercándome rápidamente y tomando su mano ‘sé que la estoy lastimando, así que no me obligue a desarmarla’ dije apretando un poco mi mano sobre la suya. Su respiración agitada y el repentino temblor de su cuerpo me decían que la había asustado más de lo que esperaba, la solté y ella cayo a la suave arena que nos rodeaba ‘discúlpame, a veces olvido como relacionarme con otras personas…’ dije con la mirada perdida ‘…yo lo provoque…’ dijo aun asustada, las luces que iluminaban el camino mostraban un liquido rojo goteando desde la punta de mis dedos, no era mi sangre, vi uno de sus delgados dedos sangrando, ella aun no lo notaba; hizo un gesto con la mirada como diciendo ‘puedo’ y me acerque a ella tome sus dedo, la herida era superficial pero los dedos son apéndices particularmente escandalosos cuando se trata de sangrar. Extendí mi mano, ella la tomo y se ayudo de ella para ponerse en pie ‘vamos al auto, es algo tarde, ya deben estar preocupados por ti…’ le dije ‘además tengo que atender ese corte en tu índice’ termine mientras señalaba el sangrado, aunque ya había parado, si no hacia algo ella podría asustarse aun más; revolví unas cosas en el maletero del auto y saque un empaque, lo desenvolví y busque entre las herramientas que este me ofrecía, tome un poco de alcohol y un trocito de gaza; ella veía algo sorprendida todo el contenido del empaque ‘que haces con eso…’ me pregunto mientras limpiaba su corte, su rostro denotaba un poco de incomodidad ‘emergencias, tengo material suficiente como para una intervención tópica que implique corte profundo y sutura’ respondí mecánicamente ‘como para sacar una bala de un cuerpo, me equivoco…’ me dijo algo nerviosa ‘culpable’ dije entre risas, termine de atender su corte y deje ir su mano, extrañaría ese tacto suave ‘sube tengo que llevarte de regreso a tu casa’ le dije abriendo la puerta, obedeció una vez más pero una vez me subí ella me dijo algo apesadumbrada ‘no quiero regresar…’ supongo que fue en ese momento cuando entendí quien era mi objetivo
‘¿Es usted quien dice ser?’ pregunto jugando con sus manos debajo de la mesa para aliviar algo del nerviosismo que hacía temblar su frágil figura ‘jawohl’ respondí mientras seguía bebiendo tranquilamente aquella sublime mezcla, solo la mirada de disconformidad con la respuesta que ofrecí me hizo dejar la taza a un lado ‘lo soy señorita Madico, parezco descuidado, lo sé , pero que las gafas no la engañen’ le dije mientras dejaba mis anteojos sobre la mesa ‘ la invito a dar una vuelta, ¿quiere?’ ofrecí gentilmente, un escalofrió parecía haberla recorrido, deje de mirarla directamente a sus redondos ojos pardos, su tono de voz me dijo que estaba un poco más calmada ‘está bien, pero no se aleje mucho, hará que mi viaje de regreso se alargue’ respondió ‘no te preocupes, te dejare en tu casa, ahora eres mi cliente’ dije guardando mi portátil y mis gafas en un maletín, se sorprendió un poco por la sentencia final, pero no dijo nada, se limito a asentir, abrí la puerta que nos separaba del lobby principal del café y espere a que saliera, bajamos, pague mi cuenta y nos dirigimos parsimoniosamente al estacionamiento, en un silencio que creo fue más incomodo para ella que para mí ‘¿Cuántos le llevaras a esa niña?’ me pregunte de pronto, ya tenía ideas surcando mi cabeza para la próxima columna. Abrí la puerta del Mini Cooper y la invite a pasar, ella sonrió nerviosa y entro al auto, acomode mis cosas en los asientos traseros y arranque el auto ‘¿Cómo puede alguien como usted estar tan tranquilo?’ me dijo de pronto, su voz la delato, aquella curiosidad estaba impregnada del dulce olor del miedo ‘¿Cómo has podido llegar a mi?’ devolví ‘créeme la forma en la que vivo es la que menos debe preocuparte, pero diré que el hecho de ser columnista de un diario y una revista te posibilita saber algunas cosas de primera mano que el resto ignora o pasa por alto, digamos que nunca he sido bueno para apoyar a las masas y eso me ha servido de maravilla hasta ahora’ respondí, ella se limito a esconder su mirada, había olvidado que esos negros ojos míos eran tan penetrante, me disculpe, al parecer ella no me escuchaba, se había ensimismado buscando algo, como temiendo que se hubiese perdido. Un pequeño de suspiro de alivio hizo que la mirara con el rabillo del ojo ‘veo que has encontrado lo que buscabas’ dije estúpidamente, ella rio nerviosa y me extendió una pequeña tarjeta blanca, el único carácter que llevaba escrito era un número, 625, sabía perfectamente que era, yo había hecho algunas de esas tiempo atrás cuando había decidido empezar a introducirme a ese mundo, tal vez no se me notaba mucho pero en el momento en que Rouse llego estaba celebrando un onomástico más, el numero treinta y cinco para ser precisos, pero bien me lo dijo mi mentor “llega un momento en que un hombre ya no celebra ese tipo de cosas”, en mi caso ‘eso’ había ocurrido hace unos diez años, cuando el entrenamiento de aquellas fuerzas paramilitares termino su trabajo conmigo, los rezagos de aquel inhumano entrenamiento nos habían preparado para derribar a un hombre que nos doblara en peso y también para sobrevivir al choque psicológico que supone un disparo, sea donde nos cayera, el objetivo era estar en pie y derribar al enemigo sin importar el costo, no querían hombres muy fornidos ‘les quita movilidad’ decían, especializados en armas blancas aunque yo había pedido entrenamiento especial en armas de largo alcance (donde me desenvolvía mejor), llegando a modificar un rifle Barrett M82 para duplicar su potencia y triplicar el rango efectivo de disparo, todo eso sin perder precisión, supongo que a la larga eso me había mantenido vivo, pero una cosa fue cierta, no me veía mucho tiempo en el negocio por eso me puse a trabajar con la prensa escrita, desde pequeño siempre había encontrado fascinante al periodismo gonzo y aunque no tenía demasiados escritos de ese tipo, fueron esos modelos los que me arrastraron a ser columnista. Rouse aun extendía su delicado brazo, tome la tarjeta y se la devolví, asentí con la cabeza antes de responder ‘si, son mías’, ella titubeo un segundo ‘entonces cree que podrá ayudarme…’ dijo, cuadre el auto a un lado de la carretera, habíamos llegado a uno de mis lugares favoritos, ya casi era ‘la hora mágica’ y la locación era perfecta ‘bajemos y hablaremos del tema con calma’ la invite, ella obedeció.
Aquella pequeña ‘playa’ si se le podía llamar así al pequeño descampado que nos esperaba, era agradable a la vista, algo descuidado por el mismo hecho de estar en una bajada de carretera, pero la vista era hermosa, solo un curioso pararía allí para ver el espectáculo que representaba el sunset ‘no te parece que esta es una de las mejores vistas que nos puede ofrecer Lima, la gris…’ le dije con aire distante, su semblante había cambiado, se veía sobrecogida de alguna manera por la gama de colores que se extendía en el cielo, no pronunciamos palabra alguna durante unos diez o quince minutos, luego vinieron sus preguntas ‘podrás ayudarme, ¿verdad?’ volví mi mirada a la suya ‘has venido hasta aquí, en este punto seria descortés decir que no’ le respondí ‘pero aun no sabes quién es…’ dijo prácticamente con un hilo de voz ‘no me importa, nunca he rechazado un trabajo…eso hace que encontrarme sea más difícil, no ofrezco un solo patrón concreto a la policía más que mis balas cifradas’ dije con aire algo burlón ‘podría pedir que asesines a otro de tus clientes, ¿no tienes problemas con eso?’ pregunto ansiosa ‘tendría problemas si sabes de otros clientes, se supone que quien te dio esto…’ dije mientras mostraba la pequeña tarjeta blanca ‘¿Cuándo has…?’ trato de decir ella ‘no tiene importancia, pero como te decía se supone que has recibido esto de uno de mis cliente, un amigo o conocido tuyo que al haber oído tu voz de indignación te envió con este “shinigami” para que cerraran un trato’ dije altanero ‘si sabes de más de uno supongo que tendría que matar a quien maneja la información, tú en este caso, y la persona a quien sabes he…‘ayudado’…en el pasado’ le dije acercándome, parecía que ella tenía algo entre las manos, vi un pequeño brillo entre sus dedos que rápidamente se abalanzaron sobre mi ‘no te acerques más’ una pequeña hoja se asomaba entre dos de sus gráciles dedos, había esquivado el golpe con un movimiento rápido ‘son supuestos fräulein, además si hago esto…’ dije acercándome rápidamente y tomando su mano ‘sé que la estoy lastimando, así que no me obligue a desarmarla’ dije apretando un poco mi mano sobre la suya. Su respiración agitada y el repentino temblor de su cuerpo me decían que la había asustado más de lo que esperaba, la solté y ella cayo a la suave arena que nos rodeaba ‘discúlpame, a veces olvido como relacionarme con otras personas…’ dije con la mirada perdida ‘…yo lo provoque…’ dijo aun asustada, las luces que iluminaban el camino mostraban un liquido rojo goteando desde la punta de mis dedos, no era mi sangre, vi uno de sus delgados dedos sangrando, ella aun no lo notaba; hizo un gesto con la mirada como diciendo ‘puedo’ y me acerque a ella tome sus dedo, la herida era superficial pero los dedos son apéndices particularmente escandalosos cuando se trata de sangrar. Extendí mi mano, ella la tomo y se ayudo de ella para ponerse en pie ‘vamos al auto, es algo tarde, ya deben estar preocupados por ti…’ le dije ‘además tengo que atender ese corte en tu índice’ termine mientras señalaba el sangrado, aunque ya había parado, si no hacia algo ella podría asustarse aun más; revolví unas cosas en el maletero del auto y saque un empaque, lo desenvolví y busque entre las herramientas que este me ofrecía, tome un poco de alcohol y un trocito de gaza; ella veía algo sorprendida todo el contenido del empaque ‘que haces con eso…’ me pregunto mientras limpiaba su corte, su rostro denotaba un poco de incomodidad ‘emergencias, tengo material suficiente como para una intervención tópica que implique corte profundo y sutura’ respondí mecánicamente ‘como para sacar una bala de un cuerpo, me equivoco…’ me dijo algo nerviosa ‘culpable’ dije entre risas, termine de atender su corte y deje ir su mano, extrañaría ese tacto suave ‘sube tengo que llevarte de regreso a tu casa’ le dije abriendo la puerta, obedeció una vez más pero una vez me subí ella me dijo algo apesadumbrada ‘no quiero regresar…’ supongo que fue en ese momento cuando entendí quien era mi objetivo
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