En estos últimos días le he prestado poca atención (por no decir
nula) al blog, y que les puedo decir, han pasado algunas cosas que han
imposibilitado una actualización. Una de ellas fue un viaje de trabajo donde
quede prácticamente aislado de Internet (curiosa experiencia debo decir) y una
casi obsesiva evasión de escribir porque sabía que un tema (que la verdad ya no
quiero tocar) saldría a colación, aun cuando en algunas de las entradas que ya había
publicado hacían una referencia a este. Si escribía algo seria referente a ello
y yo ya di por saldado ese tema hace un buen tiempo, aunque claro, uno siempre
alberga algo de esa estupidizante esperanza de que las cosas no saldrán como
las hemos ido tabulando; así que preferí mantenerme alejado de mi propia terapia
mientras aclaraba mi mente, mientras reordenaba mi mundo y ha funcionado de
algo. Estoy escribiendo hoy por más instinto que por haber tenido algo
preparado, quería escribir, ya había pasado mucho tiempo desde la última vez y
ya se hacía necesario, siempre he hablado del tema como una catarsis bastante
particular pero a veces termina siendo algo que, más que fluir, es controlado
con una minuciosidad maniática, se que tal vez no sea saludable practicarlo de
esa forma pero dudo que alguien quiera leer todos los problemas, dolencias o
males que acontecen en la vida de alguien más. Como bien me dijo un tipo que conocí
en mi viaje ‘eso de mostrar debilidad es para los débiles, te hace ver
vulnerable y poco capaz’ o algo así, la
memoria es frágil; pero la idea está allí y casi aplaudo al escucharlo, no es común
que alguien te hable en términos que son tan de Nietzsche; tipo interesante
aquel, tenía muchas frases y conceptos que compartir y realmente fue (después de
mucho) una de las conversaciones más ligeras y agradables que he sostenido con alguien.
El viaje en si fue bastante recreativo, cierto hubo mucho trabajo de por medio
pero lo que fui viendo en el camino fue bastante interesante, y como recogí del
viaje de boca de otros, tiene su encanto el ir de un lugar a otro, el conocer
extraños, ‘foreigners’ si se da el caso, recoger todas esas realidades e incluso
compartir la propia es extrañamente gratificante. Pero aun cuando puedo
encontrar ‘particular’ esa charla ligera, las ganas de encontrar a alguien que
se pueda sentar con nosotros a hablar prácticamente de todo aún perduran y no
se las puede negar, cierto existe la salida esquizofrénica pero eso no nos
asegura nada, no es lo mismo tener a otra persona delante (ya se los he escrito)
observando, escuchando atenta que diremos y pensando su respuesta, formándola cuidadosamente. ¿No creen, como yo, que hay cierta sensualidad en un acto
tan poco físico como el pensar?
Au revoir