miércoles, 1 de agosto de 2012

aistiharha



"...when things are in danger: some one has to give them up, lose them, so that others may keep them..." [Frodo Baggins]

Sigo escribiendo de la estupidez del mundo, de mis dolores, de mi poco tiempo en esta costra y hoy a diferencia de otros días, de un curioso incremento en una condición que padezco. Esta 'condición' ha provocado desde hace ya un tiempo alucinaciones visuales y auditivas, yo ya me acostumbre y hasta el mes pasado podía diferenciarlas sin dificultad pero últimamente están han empeorado, son más frecuentes, algo más reales y han estado torturando mi mente en cada oportunidad que han tenido; no sé cómo debería sentirme, al principio me asusto algo pero eso como siempre cambia a medida que uno entiende el problema. Me pareció necesario empezar esta entrada como lo he hecho porque en esas primeras líneas hay dos cosas a resaltar, la primera son las alucinaciones y la segunda, el hecho de que a medida que conocemos algo dejamos de temerle. Empezare por las alucinaciones, yo estoy acostumbrado a ellas y sé que a veces vendrán de la mano del dolor, se que esperar cuando veo algo que no está allí; obviamente cuando empiezas a darte cuenta de que aquello no es real te da miedo, no es natural, y más un ¿qué significa, que tengo? eso es lo usual, yo lleve ‘eso’ un paso más allá, prestaba atención y veía cuanto demoraba en desaparecer, veía hacia donde me podían llevar pero nunca me dejaba absorber por ellas. Las alucinaciones en sí nos alejan de la realidad, algunos tal vez dirán que son reflejos de mentes torcidas, tal vez tengan razón; no creo que sean malas en el sentido estricto de la palabra pero nos hacen dudar y eso si implica cierto riesgo. Cuando era un crio, pensé alguna vez que mi vida era una alguna alucinación de alguien más, ajeno a mi mundo, ¿por qué? quien sabe que pasaba exactamente por mi cabeza en ese momento, tal vez Funes; como fuera, el punto es que las alucinaciones pueden ser recreativas a veces, terroríficamente reales otras pero en general realmente desesperantes para alguien que está alerta a todo lo que ocurre a su alrededor. Extrañamente da lugar al desarrollo de la segunda idea que propuse (y la refuta de cierta forma) pues es a medida que uno experimenta una situación (de hechos que si bien no se repiten al menos tienen cierto patrón) repetidamente se ‘endurece’ (por darle algún nombre) frente a dicho suceso; esto ocurre en toda acción, tomemos como ejemplo a los trabajadores de las morgues, que ya casi no prestan atención de lo mal o bien que llegan los cadáveres, de ese olor dulzón y picante que producen la combinación de formol y cuerpos que empiezan a podrirse, ciertamente el humano es un animal de costumbres, pero eso no siempre es cierto. No porque ya estemos acostumbrados a algo significa que dejara de llamar nuestra atención, si algo así dejara de ocurrir sentiría lastima por quien lo padece, el mundo perdería sentido o bien arrastraría al sujeto en uno de dos caminos (ambos con la destrucción como eje), darse por vencidos o probar cualquier cosa nueva hasta el hartazgo, personalmente no simpatizaría con ninguno de los estilos, no todo en el mundo está allí para ser consumido por alguien más. Siempre habrá cosas, queramos o no, que dejaremos de lado para que sigan allí simplemente y a veces eso también se aplica a las personas, hay veces que debemos ser solo centinelas.

Au revoir

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