"...when things are in danger: some one has to give them up, lose them, so that others may keep them..." [Frodo Baggins]
Sigo escribiendo de la estupidez del mundo, de mis dolores,
de mi poco tiempo en esta costra y hoy a diferencia de otros días, de un
curioso incremento en una condición que padezco. Esta 'condición' ha provocado
desde hace ya un tiempo alucinaciones visuales y auditivas, yo ya me acostumbre
y hasta el mes pasado podía diferenciarlas sin dificultad pero últimamente están
han empeorado, son más frecuentes, algo más reales y han estado torturando mi
mente en cada oportunidad que han tenido; no sé cómo debería sentirme, al
principio me asusto algo pero eso como siempre cambia a medida que uno entiende
el problema. Me pareció necesario empezar esta entrada como lo he hecho porque
en esas primeras líneas hay dos cosas a resaltar, la primera son las
alucinaciones y la segunda, el hecho de que a medida que conocemos algo dejamos
de temerle. Empezare por las alucinaciones, yo estoy acostumbrado a ellas y sé
que a veces vendrán de la mano del dolor, se que esperar cuando veo algo que no
está allí; obviamente cuando empiezas a darte cuenta de que aquello no es real
te da miedo, no es natural, y más un ¿qué significa, que tengo? eso es lo
usual, yo lleve ‘eso’ un paso más allá, prestaba atención y veía cuanto
demoraba en desaparecer, veía hacia donde me podían llevar pero nunca me dejaba
absorber por ellas. Las alucinaciones en sí nos alejan de la realidad, algunos
tal vez dirán que son reflejos de mentes torcidas, tal vez tengan razón; no
creo que sean malas en el sentido estricto de la palabra pero nos hacen dudar y
eso si implica cierto riesgo. Cuando era un crio, pensé alguna vez que mi vida
era una alguna alucinación de alguien más, ajeno a mi mundo, ¿por qué? quien
sabe que pasaba exactamente por mi cabeza en ese momento, tal vez Funes; como
fuera, el punto es que las alucinaciones pueden ser recreativas a veces, terroríficamente
reales otras pero en general realmente desesperantes para alguien que está
alerta a todo lo que ocurre a su alrededor. Extrañamente da lugar al desarrollo
de la segunda idea que propuse (y la refuta de cierta forma) pues es a medida
que uno experimenta una situación (de hechos que si bien no se repiten al menos
tienen cierto patrón) repetidamente se ‘endurece’ (por darle algún nombre) frente
a dicho suceso; esto ocurre en toda acción, tomemos como ejemplo a los
trabajadores de las morgues, que ya casi no prestan atención de lo mal o bien
que llegan los cadáveres, de ese olor dulzón y picante que producen la combinación
de formol y cuerpos que empiezan a podrirse, ciertamente el humano es un animal
de costumbres, pero eso no siempre es cierto. No porque ya estemos
acostumbrados a algo significa que dejara de llamar nuestra atención, si algo así
dejara de ocurrir sentiría lastima por quien lo padece, el mundo perdería sentido
o bien arrastraría al sujeto en uno de dos caminos (ambos con la destrucción como
eje), darse por vencidos o probar cualquier cosa nueva hasta el hartazgo,
personalmente no simpatizaría con ninguno de los estilos, no todo en el mundo está
allí para ser consumido por alguien más. Siempre habrá cosas, queramos o no,
que dejaremos de lado para que sigan allí simplemente y a veces eso también se
aplica a las personas, hay veces que debemos ser solo centinelas.
Au revoir
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