miércoles, 15 de agosto de 2012

interludios de oficina


En estos últimos días le he prestado poca atención (por no decir nula) al blog, y que les puedo decir, han pasado algunas cosas que han imposibilitado una actualización. Una de ellas fue un viaje de trabajo donde quede prácticamente aislado de Internet (curiosa experiencia debo decir) y una casi obsesiva evasión de escribir porque sabía que un tema (que la verdad ya no quiero tocar) saldría a colación, aun cuando en algunas de las entradas que ya había publicado hacían una referencia a este. Si escribía algo seria referente a ello y yo ya di por saldado ese tema hace un buen tiempo, aunque claro, uno siempre alberga algo de esa estupidizante esperanza de que las cosas no saldrán como las hemos ido tabulando; así que preferí mantenerme alejado de mi propia terapia mientras aclaraba mi mente, mientras reordenaba mi mundo y ha funcionado de algo. Estoy escribiendo hoy por más instinto que por haber tenido algo preparado, quería escribir, ya había pasado mucho tiempo desde la última vez y ya se hacía necesario, siempre he hablado del tema como una catarsis bastante particular pero a veces termina siendo algo que, más que fluir, es controlado con una minuciosidad maniática, se que tal vez no sea saludable practicarlo de esa forma pero dudo que alguien quiera leer todos los problemas, dolencias o males que acontecen en la vida de alguien más. Como bien me dijo un tipo que conocí en mi viaje ‘eso de mostrar debilidad es para los débiles, te hace ver vulnerable y poco capaz’ o algo así,  la memoria es frágil; pero la idea está allí y casi aplaudo al escucharlo, no es común que alguien te hable en términos que son tan de Nietzsche; tipo interesante aquel, tenía muchas frases y conceptos que compartir y realmente fue (después de mucho) una de las conversaciones más ligeras y agradables que he sostenido con alguien. El viaje en si fue bastante recreativo, cierto hubo mucho trabajo de por medio pero lo que fui viendo en el camino fue bastante interesante, y como recogí del viaje de boca de otros, tiene su encanto el ir de un lugar a otro, el conocer extraños, ‘foreigners’ si se da el caso, recoger todas esas realidades e incluso compartir la propia es extrañamente gratificante. Pero aun cuando puedo encontrar ‘particular’ esa charla ligera, las ganas de encontrar a alguien que se pueda sentar con nosotros a hablar prácticamente de todo aún perduran y no se las puede negar, cierto existe la salida esquizofrénica pero eso no nos asegura nada, no es lo mismo tener a otra persona delante (ya se los he escrito) observando, escuchando atenta que diremos y pensando su respuesta, formándola cuidadosamente. ¿No creen, como yo, que hay cierta sensualidad en un acto tan poco físico como el pensar?

Au revoir

No hay comentarios: