Vísperas
de Año Nuevo; muchos mandando saludos y buena vibras, otros planeando un mejor
año (resoluciones incluidas) y yo simplemente escribiendo, tomo a Hesse y digo
ser más encontrador que buscador (todo un reto a verdad) y por ello no planeo
nada (lo cual no signifique que 'no planee nada') para el próximo año, ni
resoluciones porque solo vivo con una idea en la cabeza al respecto y no es
necesario divulgarla. El año que se va empezó como una soberana mierda para ser
sincero, problemas, cosas que había que resolver, esperas interminables (en
apariencia) y mucho papeleo que se iba abultando 'como quien no quiere la
cosa'. Pero cuando comenzó a desenvolverse resulto ser algo interesante, en un
momento en el primer trimestre (luego de dos meses para el olvido) llegue a
decirme "no esta tan mal" pero siempre aparecen situaciones que
pueden calzar de extrañas cuando empieza a decirse ese tipo de cosas y así el
segundo trimestre me hizo tomar conciencia de ello. En algún momento durante
ese periodo me reí de mi mismo, me vi en el espejo y vi al lejano extraño de
esos días donde mi autodestrucción se hizo una espiral negativa, me
ahogue de risa y luego desperté y vi como había dejado todo hasta ese momento,
me habían dado el visto bueno por esos días y había grabado en mi mente que el
camino que nos aguardaba seria más brillante del que nos habíamos alejado; así
Julio llego dando tumbos pero me ayudo a componerme, a hacerme a la idea de
algo, ciertamente ayudo a que me despertara, pero donde hay cosas buena debe
haber algún fallo para equilibrar la balanza y eso lo suplió el inicio de
Agosto, me tomo tiempo hacerle entender ciertas cosas pero al final de todo me
hice entender, allí comenzó otro capítulo, lo que siguió a partir de allí paso ‘rápido’
realmente, conocí nuevas personas, algunas solo pasaron, otras se quedaron y
termine compartiendo caminos con una dríade para cuando la parte ‘extenuante’
de este año estaba por terminar. Ha sido, con todo, un buen año, aprendí más
cosas, tuve que recordar otras y heme aquí, sentado nuevamente tras el teclado escribiéndoles
de lo que veo, de lo que puedo interpretar y de lo que creo entender y saber, al
menos lo suficiente como para transmitirlo correctamente. En líneas generales,
el año ha pasado rápido y me ha dejado quedarme con muchas menos cosas de las
que inicialmente creí se me obsequiarían, pero aun así no le veo saldo
negativo, aun cuando Octubre nos volvió a hacer algunas jugadas y parecía que
las cosas no mejorarían, por suerte el final de este mes y el inicio del siguiente
se encargaron de desmentir todo, y de pasada, abofetearme por creer cosas que
ni siquiera habían ocurrido, temores mal fundados e ideas que murieron mientras
las arenas del tiempo seguían moviéndose. El año muere, con él toda la mierda
que nos hizo, todos los malos ratos y (si las hubo) decepciones, todo eso muere
en unas horas o ha muerto dependiendo de donde se encuentren; espero que lo que
sea haya dejado el 2012 en ustedes sea provechoso, se que al menos para mí lo
fue. No soy bueno escribiendo finales y dado que hoy es uno (si bien no
conclusivo) con algo diferente esta vez, dejaré que el maestro cierre la última
entrada del año, un año cambiante, movido y repleto de ambas caras de la moneda
que a veces simplemente provoca relegarlas y tratarlas cual Zahir (gracias
maestro por esa figura) sabiéndolas necesarias, así pues el regalo de manos del
maestro.
Final
del año
Ni el
pormenor simbólico
de
reemplazar un tres por un dos
ni esa
metáfora baldía
que
convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el
cumplimiento de un proceso astronómico
aturden
y socavan
la
altiplanicie de esta noche
y nos
obligan a esperar
las
doce irreparables campanadas.
La
causa verdadera
es la
sospecha general y borrosa
del
enigma del Tiempo;
es el
asombro ante el milagro
de que
a despecho de infinitos azares,
de que
a despecho de que somos
las
gotas del río de Heráclito,
perdure
algo en nosotros:
inmóvil.
Au revoir