sábado, 29 de diciembre de 2012

безумие


La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca [Heinrich Heine]


Como tal vez puedan inferir por la frase que he decidido compartir esta noche les escribiré de la locura; la forma tradicional de tomarla es como aquel impedimento que nos aleja de todo camino del ‘buen juicio’ (aquel que abala una sociedad saludable, por darle algún nombre) pero al menos a mi me parece una visión ciertamente equivocada, es como pone Heine allí, la locura para mi simplemente es otro enfoque, uno que no tiene prejuicio alguno y cuyo entendimiento supera al mismo usuario, es como leí por ahí “hay cosas que solo pueden definirlas, quienes no pueden definirlas” (otra de tus contribuciones, gracias) aunque con la locura cada uno tiene como definirla pero lo que escapa a nosotros es lo que representa completamente, si una persona es ya un universo, la locura es (de alguna manera) una ampliación del mismo por lo que tratar de entenderlo completamente resulta en extremo complicado. En si la locura correctamente aplicada es una herramienta muy útil, nos permite desligarnos de algunos inhibidores que normalmente tomaríamos en cuenta pero esa beligerante sensación de arrojo que nos da es más fuerte que el propio temor que podamos tener, esa vergüenza mal fundada y que enseñan a respetar por sobre todas las cosas, no quiero sonar anarquista, pero toda regla se puede romper en algún momento y sin causar ese caos que a veces adoramos; desvarío, regresando al tema, la locura de esa forma es aquella fuerza que nos empuja a descubrir otras cosas, regresando a la veta tradicional sobre la que empecé, no comparto su visión de que locura y razón están separadas, es más creo yo que están unidas estrechamente (o al menos más de lo que normalmente se podría creer) y es que esta nunca es ajena a esa claridad de mente presente en las personas, y (gracias a algún extraño artificio) está también ligada al razonamiento puro (aquel propio del hemisferio izquierdo, esa calculadora maquinita que no da descanso alguno), esto tiene muchos asideros, pero tal vez el más importante sea que (al menos desde mi punto de vista) la locura es de las pocas cosas que no podemos empujar demasiado porque una vez pasemos bajo su umbral la puerta tras nosotros se cerrara para no abrirse jamás y nos perderemos en ese universo interior que exploramos con avidez en un inicio pero que nos priva finalmente de nosotros, partiendo de mi idea es como escribió Harris y cuyo rugido dejo escuchar Dickinson “Just a thin line drawn between being a genius or insane”. La locura es un demonio particular, uno al que debemos mantener domado, pero al mismo tiempo un demonio que merece respeto autentico, no por miedo si no por admiración; la locura es lo que me permite ser quien soy, el brillo que esta da a los ojos de quienes han sabido abrazarla es único, realmente es una marca y no es una que se oculte. Incluso con lo que ya he escrito hay tanto que decir de ella, hay tantas frases y concepciones de la misma que incluso rememorar algunas me hace sonreír, pero incluso en lo poco que se ha escrito se deja ver que es algo que a fin de cuentas controlamos, otra de esas pocas cosas que controlamos, y no cerrare esta entrada con mis palabras, si no con las de Erasmo de Rotterdam (aquellos lunáticos versos que nos regalo en Elogio a la Locura) que realmente me parecen tan oportunas como la de Heine, “La sabiduría inoportuna es una locura, del mismo modo que es imprudente la prudencia mal entendida”.

Au revoir

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