La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca [Heinrich Heine]
Como tal vez puedan inferir por la frase que he decidido
compartir esta noche les escribiré de la locura; la forma tradicional de
tomarla es como aquel impedimento que nos aleja de todo camino del ‘buen juicio’
(aquel que abala una sociedad saludable, por darle algún nombre) pero al menos
a mi me parece una visión ciertamente equivocada, es como pone Heine allí, la
locura para mi simplemente es otro enfoque, uno que no tiene prejuicio alguno y
cuyo entendimiento supera al mismo usuario, es como leí por ahí “hay cosas que
solo pueden definirlas, quienes no pueden definirlas” (otra de tus contribuciones,
gracias) aunque con la locura cada uno tiene como definirla pero lo que escapa
a nosotros es lo que representa completamente, si una persona es ya un
universo, la locura es (de alguna manera) una ampliación del mismo por lo que
tratar de entenderlo completamente resulta en extremo complicado. En si la
locura correctamente aplicada es una herramienta muy útil, nos permite
desligarnos de algunos inhibidores que normalmente tomaríamos en cuenta pero esa
beligerante sensación de arrojo que nos da es más fuerte que el propio temor
que podamos tener, esa vergüenza mal fundada y que enseñan a respetar por sobre
todas las cosas, no quiero sonar anarquista, pero toda regla se puede romper en
algún momento y sin causar ese caos que a veces adoramos; desvarío, regresando
al tema, la locura de esa forma es aquella fuerza que nos empuja a descubrir
otras cosas, regresando a la veta tradicional sobre la que empecé, no comparto
su visión de que locura y razón están separadas, es más creo yo que están unidas
estrechamente (o al menos más de lo que normalmente se podría creer) y es que
esta nunca es ajena a esa claridad de mente presente en las personas, y
(gracias a algún extraño artificio) está también ligada al razonamiento puro
(aquel propio del hemisferio izquierdo, esa calculadora maquinita que no da
descanso alguno), esto tiene muchos asideros, pero tal vez el más importante
sea que (al menos desde mi punto de vista) la locura es de las pocas cosas que
no podemos empujar demasiado porque una vez pasemos bajo su umbral la puerta
tras nosotros se cerrara para no abrirse jamás y nos perderemos en ese universo
interior que exploramos con avidez en un inicio pero que nos priva finalmente
de nosotros, partiendo de mi idea es como escribió Harris y cuyo rugido dejo escuchar
Dickinson “Just a thin line drawn between being a genius or insane”. La
locura es un demonio particular, uno al que debemos mantener domado, pero al
mismo tiempo un demonio que merece respeto autentico, no por miedo si no por admiración;
la locura es lo que me permite ser quien soy, el brillo que esta da a los ojos
de quienes han sabido abrazarla es único, realmente es una marca y no es una
que se oculte. Incluso con lo que ya he escrito hay tanto que decir de ella,
hay tantas frases y concepciones de la misma que incluso rememorar algunas me
hace sonreír, pero incluso en lo poco que se ha escrito se deja ver que es algo
que a fin de cuentas controlamos, otra de esas pocas cosas que controlamos, y
no cerrare esta entrada con mis palabras, si no con las de Erasmo de Rotterdam
(aquellos lunáticos versos que nos regalo en Elogio a la Locura) que realmente
me parecen tan oportunas como la de Heine, “La sabiduría inoportuna es una
locura, del mismo modo que es imprudente la prudencia mal entendida”.
Au revoir
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