miércoles, 13 de febrero de 2013

Valentin de Terni


Las amistades vienen y van, son muy pocas (y no creo que haya quien pueda negarlo) las que sobreviven al cruel tiempo, personalmente he visto como unas que eran en apariencia solidas se han ido deteriorando espantosamente mientras el tiempo se nos interponía y ¿qué puedo decir al respecto? ‘no fue mi culpa’ o mierdas como esa ¿verdad? Me rio de esas respuestas, nosotros maquillamos eso (entiéndase aquí, los implicados en el vinculo) y nosotros somos enteramente responsables de ese hecho, claro hay veces que nos cuesta aceptar la responsabilidad y es que (tal vez) esa sea de las cosas más difíciles para una persona, nos pega mucho en el orgullo aquella mea culpa. Pero no por eso van a hacer de ella su moneda, no, no y mil veces no; debemos aprender a disfrutar de nuestros errores más grandes porque son de ellos de donde aprenderemos más pero siempre hay que tener en mente que por más que los aceptemos y aprendamos de ellos, si volvemos a caer por ellos es porque realmente somos idiotas y esa es una cualidad de la gente y si no podemos verlo incluso somos más idiotas de lo que se podía imaginar. ¿Y por que empecé estas erráticas líneas así? quien sabe, mi pluma es ciertamente caprichosa cuando de formas hablamos pero el hecho de que el catorce de Febrero este cerca le provoca a uno reconsiderar ese tipo de menesteres y es que entre tanto ‘cariño’ pobremente expresado (si debe haber excepciones, pero poco importan porque me estoy refiriendo enteramente a la mayoría, ese horrible mar que es la masa) por los más y que de no ver lo mismo llaman a una muerte del romanticismo, yo siempre insistiré en que quienes hablan de romanticismo tan abiertamente no saben en realidad que significa realmente. Vuelve a ser catorce en unos días y el mundo cree que debe ser especial, que es otro día en el que su comportamiento debe ser ejemplar y hacer los apuntes respectivos en el calendario para volver a su inescrupuloso ritmo habitual, realmente me da risa, me repugna en tal grado que lo único que puedo hacer es reírme; y una parte de mi no puede evitar reírse un poco de sí misma, aun lo hace y no se puede evitar, así el impulso haya sido superado, concluyo de esta forma que la estupidez nunca se aleja completamente de nosotros. Como sea, ya perdimos completa ilación de lo que empezamos y también de lo que continuamos, tratemos de regresar un poco y enlacemos un poco esto; la amistad así como antes la he descrito termina tomando formas caprichosas y finalmente queda en quien está sometido (y no hay palabra que se ajuste mejor) a esta que como tomará los eventos propios en la misma pues hay en esta un choque de egos, el hecho es que cuando conocemos suficiente tiempo a alguien acomodamos nuestro ego lo mejor que podemos para evitar el conflicto y si se da pues también depende de este si lo solucionan (nótese que se habla en plural pues todo vinculo es bilateral) o uno de ellos ve como parchar esa grieta lo que si bien a veces resulta otras se convierte en el meollo de futuros problemas de los que no podremos escapar porque no basta con tratar de solucionar las cosas u ofrecer opciones a los mismos si la otra parte simplemente espera a que mágicamente todo se arregle, así pues aceptar ante otros que nos hemos equivocado y que ‘cargaremos’ con esa culpa no termina de ser una solución, de nada vale que solo uno aprenda solo seremos lastres unos de otros de esa manera. Catorce de Febrero esta pronto y con él una innumerable lista de falsas declaraciones y demás de las que (la verdad) ya no vale la pena hablar y mucho menos alterarse, solo ríanse porque como dice Zaratustra ese es el lenguaje del alma.

Au revoir

No hay comentarios: