viernes, 27 de mayo de 2011

Konditorei

Hace mucho que no cocinaba, hoy lo hice y se sintió bastante bien, me recordó ciertas cosas que tal vez no quiero evocar en este momento de debilidad; más allá de las memorias que permanecen como nunca fueron, el sonido de la batidora, sentir la densidad de una mezcla, aromatizar con cítricos un baño para aquella ‘masita’, probar, corregir sabores, realzar otros, en fin tantas cosas; la cocina tiene siempre ese ‘algo’ sensual que al menos para mí siempre será, quedara hay como siempre en mi mente. El cocinar, incluso el ver cocinar, me reconforta de una extraña manera; soy un niño en la cocina, sorprendiéndome con cada sabor, con cada textura, con el calor que esta me da (muy apropiado ahora que los días se oscurecen y enfrían) y por supuesto con el placer que esta me provoca cuando todo sale bien y la ‘frustración con risas’ que surge cuando no sale ‘tan bien’. Mientras cocinaba puse algo de música clásica versionada por metaleros, la disfrute mucho y debo decir esta acompasó el momento bastante bien, cada compás, cada acorde, cada aporreo de la batería…todo fue ‘perfecto’ por un momento. Ahora lo que escucho es música algo lejana, Libido está tocando cerca de mi casa, hay alguien allí que hace un par de días provocó la entrada anterior, escuchando un rock algo distinto, que aun se rehúsa a venderse (al menos por completo) y mantiene sus estándares casi tan buenos como hace una década, creo que son lo mejor del tan temido y asqueroso ‘mainstream’ peruano (disculpando el término, los muchachos de Libido no merecen estar encerrados en esa categoría) e incluso sudamericano, dándome ciertas licencias porque no conozco ‘todas’ las bandas que circulan en la actualidad, como saben escucho lo que quiero y prefiero omitir todo lo referente al ‘mainstream’. Pero regresemos a la ‘Süßwaren’ (termino alemán usado para denominar a la pastelería, aunque literalmente significa dulce) lo que me recuerda, ¿qué les provoca el cocinar, o al menos el ser parte de ese proceso, ya sea ayudando o viendo? hoy ando algo escaso de ideas en realidad y no sé por qué empecé a escribir si mi regla es tener al menos una idea concreta, supongo que de cierta manera es desviar mi desesperación hacia otro polo distinto del que en realidad la merece; sé también que el cocinar me distrae, el escribir me distrae pero lo que no quiero responderme es ¿de qué? lo cierto es que me incomoda el pensar en ello y prefiero mantenerme al margen de ese problema ahora, en realidad hay cosas más importantes que hacer y pensar o incluso preocuparse, no quiero empezar a hablar de política, espero que intuyan algo según lo que he ido publicando estas semanas, supongo que me tomare algo antes de empezar a hablarles de ciertas posturas y consideraciones de corte político, pero ahora no es momento indicado. Para cerrar con el problema ‘de cocina’ les escribiré algo que alguna vez escuche, ‘cocinamos porque nos importa alguien’ y mi aporte seria que podemos ‘cocinar’ para cualquiera, pero solo nos esmeraremos si esa persona para quien cocinamos nos importa, no importa lo simple que haya podido ser porque hay una parte de nosotros allí, para mí eso es lo divertido y ciertamente apasionante de la cocina, quieras o no dejas algo de ti en cada plato, en cada cucharada que quien sea que pruebe tu comida se lleve a la boca; les dejaras entender ciertas cosas sobre ti, se notara el ‘animo’ que tenias mientras cocinabas y de alguna u otra forma un rezago del interés y dedicación que hayas tenido, y también cierta ‘intriga’ de nuestra parte por saber que les pareció, aunque algunos afirmen que eso es lo de menos porque, como siempre quieren hacernos creer que ‘la intención es lo que cuenta’, eso sí es lo que menos importa cuando eres un perfeccionista en busca de aquella armonía que tanto anhelas para (quiera o no mencionarlo) tu obra.


Au revoir

miércoles, 25 de mayo de 2011

Tienes una solicitud de amistad pendiente

Hoy les diré que la palabra ‘upset’ serviría para describir mi estado de ánimo, hoy recibí algo que creo otro humano creyó le hice, según mi punto de vista lo hizo bien, pero falló un poco al final aun asid dolió. Hace unos días el hecho de vomitar la verdad también me costó bastante, el hecho de que mantenga mi distancia con otras personas que llegan a ser cercanas, amigos incluso, ha llevado a que muchos malinterpreten mi silencio y el hecho de que quería mi momento de aislamiento con tal vehemencia que me olvide de todo, adicionen a ese coctel algo de pérdida del sentido del tiempo y pocos amigos, y su glorioso resultado será una mezcla entre soledad y depresión, de faltar la música todo sería un completo desastre pero esa maravillosa sinergia de sonidos aun me mantiene a flote. A lo largo de las entradas que vengo escribiendo me he encontrado explicándoles la importancia de elegir cuidadosamente a los ‘amigos’ (entiéndase que para mí este concepto es muy distinto de amistades, aquí hay cierto recelo en confiar muchas cosas y son solo personas que resultan algo interesantes, con esto tampoco quiero menospreciar a todo aquel que me ha dirigido la palabra y con el que hayamos podido compartir una conversación decente), una de las últimas entradas de la semana ha hablado de lo fácil que es romperlas, pero nunca hable del ‘mantenimiento’ que necesita una amistad y se francamente que esta varia con el grupo y con quien analiza todo, eso es algo que cada uno descubre, un camino algo complicado que tomamos en algún momento y del que solo sabe aquel que se presenta a abordarlo. Para mi es difícil dada mi particularidad, el hecho de ‘desaparecer’ no ayuda a mantenernos en contacto, pero se de alguna manera que todo aquel que es amigo mío ha entendido eso y de alguna forma se preocupan y me dan ciertas libertades pero no todos terminan de entenderme porque pareciera que cuanto más se acercan yo trato de alejarme más y eso me resulta frustrante, aquellos que yo consideré ‘amigos’ se alejaron de mi, se están alejando de mí, algunos me han vuelto a recibir y continúan las cosas como si nada hubiese pasado, ellos son los que siempre han valido la pena, quienes no te digan nada cuando tu les dices lo que ellos no quieres saber pero que necesitan conocer y que se ofenden por ello…pues dejan mucho que desear. Es difícil mantener algo tan quebradizo pero rígido, que no acepta muchos pesos o cambios pero que se puede amoldar a nosotros, en realidad que podemos moldear a nuestro antojo según nos permitan (y permitamos); sin embargo es frustrante cuando en proceso de moldeado ese vinculo se rompe y dejamos todo regado, yo siempre he creído que las cosas, si deben terminar, tienen dos únicas posibilidades: morir gloriosamente inmoladas o que ambas partes decidan dejar de verse porque es desesperante que uno de los lazos siga estirado cuando el otro ni siquiera se ha dado cuenta que se ha roto y que cuando ha empezado a pegar los pedazos que quedaron la otra parte simplemente no nos preste atención suficiente como para (al menos) terminar las cosas como debe ser, en buenos términos. Siempre ocurre lo último con las amistades que no nos entienden, tú esperas que respondan tu saludo pero este nunca llega y cuando ellos saludan luego de un tiempo, tú te sientes herido y no les haces caso, allí hay un error, a veces deberíamos ser más permisivos respecto a eso, separar ‘la humanidad’ de nosotros como dice Redeker. A algunos eso les parece imposible y tal vez ese es el inicio de la extraña inmolación del vinculo, algo que ocurre casi de manera espontanea luego que hemos agotado todo lo que se nos pudo ocurrir para salvar eso y que nos arrastró un poco a la angustia, que se rompió, se parcho y se forzó demasiado, teniendo finalmente a ambas partes en lugares diferentes del salón, sin saber que pasó e ignorando (casi olvidando) a quienes fueron ‘amigos’ suyos, los ‘otros’ que como dice Sonata Arctica: “Like creatures of the night, they follow...”


Au revoir

martes, 24 de mayo de 2011

Metis

Roy Elliot, fragmentos recogidos del libro World War Z (M. Brooks)

El SDA, ese era mi enemigo: Síndrome de Defunción Asintomática, o Síndrome de Depresión Apocalíptica, dependiendo de con quién esté hablando. No importa cómo lo llamen, mató a más personas en esos primeros meses de espera, que el hambre, las enfermedades, la violencia y los muertos vivientes. […] Justo afuera de Los Ángeles, en un pueblo llamado Claremont, hay cinco universidades —Pomona, Pitzer, Scripps, Harvey Mudd, y la Claremont Mckenna. Al comienzo del Gran Pánico, cuando todo el mundo salió literalmente corriendo hacia las colinas, trescientos estudiantes decidieron quedarse y pelear. Convirtieron el Academia Femenina de Scripps en algo parecido a una ciudad medieval amurallada. Reunieron las provisiones de las demás universidades; sus armas eran una mezcla de herramientas de jardinería y rifles de entrenamiento de los Oficiales Reservistas Universitarios. Plantaron jardines, excavaron pozos, fortificaron los muros que ya existían. Mientras las montañas ardían en el fondo, y los suburbios a su alrededor eran consumidos por la violencia, ¡esos trescientos muchachos se defendieron contra diez mil zombies! Diez mil, a lo largo de cuatro meses, hasta que el Imperio Interior pudo ser reclamado de nuevo. Tuvimos la suerte de llegar justo para ver el final de todo, para ver caer al último de los muertos, y luego a todos esos estudiantes y soldados reunidos bajo la enorme bandera hecha de retazos que colgaba del campanario de Pomona. ¡Qué historia! Noventa y seis horas de escenas en la lata. Me gustaría haber podido grabar más, pero el tiempo era crítico. Recuerde, perdíamos cien personas cada día. […] ¿Una mentira? Está bien. Puede decirlo. Sí, eran mentiras, pero eso no es necesariamente algo malo. Las mentiras no son ni buenas ni malas. Al igual que el fuego, pueden mantenernos tibios y seguros, o quemarnos hasta morir, dependiendo de cómo se usen. […]Las mentiras del pasado se habían desvanecido, y la verdad estaba por todos lados, cojeando en las calles, entrando por las puertas, lanzándose a sus cuellos. La verdad era que, sin importar lo que hiciéramos, la mayoría de nosotros, quizá todos, no alcanzaríamos a vivir para ver el futuro. La verdad era que quizá enfrentábamos el final de nuestra especie, y esa fría verdad estaba congelando hasta morir a más de cien personas cada noche. Necesitaban algo para mantenerse tibios. Por eso les mentí, al igual que el presidente, que cada médico, sacerdote, cada líder de tropa y cada padre de familia cuando decían “vamos a estar bien.” Ese era nuestro mensaje. […]¿Pero mostraba el lado oscuro de los héroes de La Ciudad de los Héroes? ¿Mostraba la violencia y las traiciones, la crueldad, la depravación, y la profunda maldad en el corazón de algunos de esos “héroes”? No, claro que no. ¿Para qué? Esa era nuestra realidad cotidiana, y fue lo que hizo que mucha gente se metiera en la cama, apagara las velas, y exhalaran su último aliento. Marty quiso, en lugar de eso, mostrarnos el otro lado de la moneda, el que los ayudaba a levantarse de la cama al día siguiente, el que los hacía arañar y gritar y seguir luchando por sus vidas, porque alguien les decía que las cosas iban a salir bien. Existe un nombre para esa clase de mentiras: Esperanza […]

Esta parte me pareció muy particular, tal vez es el contexto de lo que pasamos hoy, tal vez es un cable de mi subconsciente que ha conseguido engancharse al cielo (entiéndase ‘el exterior’, algo que es expresado) pero es particular el enfoque que dan a esta parte, empiezo a respetar algo más este libro, no tuve muchas expectativas de él, pensé que me iba a entretener y que contendría material algo gore salpicado de comedia, pero he obtenido una crítica a la sociedad, al estado y a la propia forma de vida actual que no puedo evitar sonreír cada vez que paso una página y me encuentro con algo extrañamente actual, tómenlo de la mejor manera niños.


Au revoir

domingo, 22 de mayo de 2011

Onbewoë

Lo que están por leer es otro pasaje que les dejaré del libro “World War Z”, este es bastante particular porque atribuyo ciertas de mis ‘cualidades’ a quien es meollo del asunto, pensamos de manera similar y creo que ese tipo de consideraciones son las que deben hacerse si realmente se quiere resolver algo, o mejor dicho resolver como lo dice el texto a continuación ‘cualquier problema social’. Ahora si es momento de leer niños.


ISLA ROBBEN, PROVINCIA DEL CABO, ESTADOS UNIDOS DE SUDÁFRICA

[Xolelwa Azania me recibe tras su escritorio, ofreciéndome su lugar para que pueda disfrutar de la brisa marina que entra por su ventana. Se disculpa por el “desorden” e insiste en organizar las notas que cubren su escritorio antes de que continuemos. El señor Azania va por la mitad del tercer volumen de El Puño del Arco Iris: Sudáfrica en Guerra. Dicho volumen trata precisamente del tema que nos ocupa, el momento en que empezamos a enfrentar a los muertos vivientes, el momento en el que su país se salvó de caer al precipicio.]

Desapasionado, una palabra bastante mundana para describir a uno de los personajes más controversiales de la historia. Algunos lo adoran como su salvador, y otros lo detestan como a un monstruo, pero si uno llegó a conocer a Paul Redeker, si alguna vez discutió con él su visión del mundo y los problemas, o mejor aún, las soluciones a los problemas que lo aquejan, probablemente la palabra que más se acomodaba a la impresión que uno se llevaba era desapasionado.

Paul siempre creyó, bueno, quizá no siempre, pero al menos sí en su vida adulta, que la falla fundamental de la humanidad eran sus emociones. Él solía decir que el corazón sólo debía existir para bombearle sangre al cerebro, y que cualquier otra cosa era un desperdicio de tiempo y de energía. Sus ensayos de la Universidad, todos dedicados a “soluciones alternativas” a los problemas sociales de la historia, fueron lo que le ganó por primera vez la atención del gobierno del apartheid. Muchos psicobiógrafos han tratado de calificarlo de racista, pero, en sus propias palabras, “el racismo es un lamentable subproducto de un pensamiento irracional.” Otros han discutido que para que un racista odie a un grupo, al menos debe amar a otro. Redeker creía que tanto el amor como el odio eran irrelevantes. Para él, eran “impedimentos de la condición humana,” y, otra vez en sus propias palabras, “imagínese lo que podríamos lograr si tan sólo la raza humana pudiese desechar su humanidad.” ¿Malvado? Muchos lo calificaron así, mientras que otros, particularmente esa pequeña elite que manejaba el poder en Pretoria, decían que era “una fuente invaluable de intelecto liberal.”
Fue al principio de los años 80s, una época crítica para el gobierno del apartheid. El país descansaba en un lecho de espinas. Teníamos el ANC, teníamos el Partido Libertador Inkatha, y hasta los elementos de extrema derecha de los afrikáners, que lo que más deseaban era una revolución abierta para iniciar un exterminio racial. En todas sus fronteras, Sudáfrica sólo limitaba con naciones hostiles, y en el caso de Angola, enfrentaba una guerra civil apoyada por los soviéticos y peleada por los cubanos. Súmele a eso un aislamiento de casi todas las democracias occidentales (lo que también incluía un embargo de armas) y verá que no era ninguna sorpresa que los de Pretoria estuviesen buscando un plan para poder sobrevivir.

Por eso solicitaron la ayuda del señor Redeker, para revisar y actualizar el ultra secreto “Plan Naranja.” El “naranja” había sido creado desde que el gobierno del apartheid había subido al poder por primera vez, en 1948. Era el plan de acción para el fin del mundo según la minoría blanca del país, un plan para lidiar con un eventual levantamiento hostil de toda la población de nativos africanos. A lo largo de los años había sido actualizado con nuevas estrategias según el desarrollo de la región. Con cada década, la situación se había vuelto más difícil. Con las declaraciones de independencia de los estados vecinos y el creciente clamor de libertad de sus propios pobladores, la gente de Pretoria se dio cuenta de que un enfrentamiento no sólo significaría el fin del gobierno afrikáner, sino la muerte para los afrikáners mismos.

Ahí fue cuando entró Redeker. Su revisión del Plan Naranja, terminada justo a tiempo en 1984, era la mejor estrategia de supervivencia para el pueblo afrikáner. No ignoró ninguna variable. Índices de población, terreno, recursos, logística… Redeker no sólo actualizó el plan para incluir el programa de armas químicas de Cuba y la capacidad nuclear de su propio país, sino que también, y esto fue lo que hizo del “Naranja Ochenta y Cuatro” tan importante históricamente, incluyó la decisión de cuáles afrikáners serían salvados y cuáles debían ser sacrificados.

¿Sacrificados?

Redeker creía que el tratar de salvar a todo el mundo llevaría los recursos del gobierno hasta su punto de quiebre, y eso condenaría a toda la población. Lo comparó con unos sobrevivientes de un naufragio que hacen volcar un bote salvavidas porque no hay espacio suficiente para todos. Redeker ya había calculado quiénes debían “subir a bordo.” Consideró niveles de ingreso, CI, fertilidad, y toda una lista de “cualidades deseables,” incluyendo la ubicación del sujeto respecto a una posible zona de crisis. “La primera víctima del conflicto deben ser nuestros propios sentimientos,” fue la última frase de su propuesta, “porque su supervivencia será la causa de nuestra destrucción.”

El Naranja Ochenta y Cuatro era un plan brillante. Era claro, lógico, eficiente, y convirtió a Paul Redeker en uno de los hombres más odiados de Sudáfrica. Sus principales enemigos fueron algunos de los afrikáners más radicales, los ideólogos raciales y los extremistas religiosos. Después, tras la caída del apartheid, su nombre comenzó a circular entre la población en general. Por supuesto, fue invitado a asistir a los encuentros de “Verdad y Reconciliación,” y por supuesto rechazó las invitaciones. “No voy a fingir que tengo un corazón sólo para salvar mi pellejo,” declaró él públicamente, añadiendo, “Sin importar lo que haga, estoy seguro de que ellos vendrán a buscarme.”

Y lo hicieron, aunque seguramente no fue de la forma en que Redeker se lo esperaba. Fue durante nuestro propio Gran Pánico, que empezó varias semanas antes que el de ustedes. Redeker estaba encerrado en su cabaña de Drakensberg, la cual había comprado con sus ganancias como asesor de finanzas. Le gustaban las finanzas, ya sabe. “Un solo objetivo, y sin alma,” solía decir él. No se sorprendió cuando la explosión arrancó la puerta de sus bisagras y los agentes de la Agencia Nacional de Inteligencia entraron corriendo. Verificaron su nombre, su identidad, y sus acciones pasadas. Le preguntaron sin más ceremonia si él había sido el autor del Naranja Ochenta y Cuatro. Les respondió sin emoción, por supuesto. Él había esperado, y aceptado, aquella intromisión como un último acto de venganza; el mundo se iba a ir al infierno de todas maneras, así que por qué no despacharse primero a algunos “demonios del apartheid.” Lo que nunca se imaginó era que los agentes de la ANI iban a bajar sus armas y a quitarse las máscaras. Eran de todos los colores: negros, asiáticos, mestizos, y hasta un blanco, un afrikáner enorme que fue el primero en adelantarse, y sin decirle ni su nombre ni su rango, preguntó de repente…“Tú tienes un plan para esto, amigo, ¿no es cierto?”

En efecto, Redeker había estado trabajando en su propia solución para la epidemia de los muertos vivientes. ¿Qué otra cosa podía hacer en aquel escondite aislado? Lo había hecho como un ejercicio intelectual; pensaba que de todas maneras no quedaría nadie vivo para leerlo. No le había puesto nombre, como explicó después “porque los nombres sólo existen para distinguir unas cosas de otras,” y hasta aquel momento, no existía ningún otro plan como el suyo. Una vez más, Redeker había considerado todas las variables posibles, no sólo la situación estratégica del país, sino también la psicología, comportamiento, y la “doctrina de combate” de los muertos vivientes. Aunque uno puede encontrar los detalles del “Plan Redeker” en cualquier biblioteca pública del mundo, estos son algunos de los principios fundamentales que él les expuso:

Primero que todo, no había manera de salvar a todo el mundo. La epidemia ya estaba fuera de control. Las fuerzas armadas habían sido demasiado debilitadas como para contener la amenaza de forma efectiva, y dispersas como estaban por todo el país, sólo se debilitarían más con cada día. Nuestras fuerzas debían ser consolidadas, reunidas en una “zona segura,” la cual, idealmente, debía estar aislada por algún obstáculo natural como montañas, ríos, o incluso en una isla en alta mar. Una vez concentradas en esa zona, las fuerzas armadas podrían dedicarse a erradicar la infestación dentro de sus límites y luego usar todos los recursos disponibles para defenderla de futuros ataques de los muertos vivientes. Esa era la primera parte del plan, y tenía tanto sentido como cualquier otra retirada militar.

La segunda parte del plan tenía que ver con la evacuación de los civiles, y no podría haber sido diseñada por nadie más que Redeker. En su mente, sólo una pequeña parte de la población podía ser evacuada hacia esa zona segura. Esas personas serían salvadas no sólo para proveer la fuerza laboral para la eventual recuperación tras la guerra, sino también para preservar la legitimidad y estabilidad del gobierno, para probarles a los que ya estaban en la zona, que el gobierno estaba “cuidando de su gente.”

Había otra razón para realizar esta evacuación parcial, una razón absolutamente lógica e inherentemente oscura que, como muchos creen, le aseguró a Redeker un puesto en el pedestal más alto del panteón del infierno. Las personas que iban a ser abandonadas debían llevarse a “zonas aisladas” especiales. Serían usadas como “carnada humana,” distrayendo a los muertos vivientes y evitando que siguieran al ejército hacia la zona segura. Redeker sostuvo que estos refugiados, aislados y sanos, debían mantenerse vivos, bien defendidos, e incluso bien abastecidos de ser posible, para mantener las hordas de muertos vivientes distraídas en un solo lugar. ¿Alcanza a ver la genialidad, el horror? Esas personas serían mantenidas como prisioneros porque “cada zombie que aceche a esos sobrevivientes, será un zombie menos atacando nuestras defensas.” Ese fue el momento en que el agente afrikáner miró a Redeker, se persignó, y dijo, “que Dios se apiade de ti.” Otro dijo, “que Dios se apiade de todos nosotros.” Era el negro que parecía estar a cargo de la operación. “Ahora vamos a sacarlo de aquí.”
En pocos minutos iban en helicóptero rumbo hacia Kimberley, la misma base subterránea en la que Redeker había escrito el Naranja Ochenta y Cuatro. Fue llevado a toda prisa a una reunión de los miembros sobrevivientes del gabinete presidencial, donde su informe fue leído en voz alta. Debería haber escuchado aquel escándalo, y la voz más fuerte era la del Ministro de la Defensa. Era un zulú, un hombre violento que habría preferido estar luchando en las calles, y no escondiéndose en un búnker.

El vicepresidente estaba más preocupado por el posible efecto en las relaciones públicas. No quería ni imaginarse el problema que enfrentarían si los detalles de aquel plan llegaban a saberse entre el público en general.

El presidente se sentía como si Redeker lo hubiese insultado personalmente. Literalmente agarró del cuello al Ministro de Seguridad Interior y exigió saber por qué habían llevado allí a aquel criminal de guerra del apartheid.

El ministro alegó que no sabía por qué estaban todos tan enojados, especialmente porque la orden de buscar a Redeker había salido desde la presidencia.

El presidente levantó las manos y gritó que él nunca había dado tal orden, y entonces, desde algún lugar en el salón, una suave voz dijo, “yo la di.”

Había estado sentado contra la pared del fondo; ahora estaba de pié, aunque encorvado por la edad y apoyado en dos bastones, pero con un espíritu tan fuerte y vital como siempre lo había tenido. El anciano estadista, el padre de nuestra nueva democracia, el hombre cuyo nombre en su lengua natal había sido Rolihlahla, y que algunos traducían simplemente como “El Alborotador.” Cuando se paró, todos los demás se sentaron, todos excepto Paul Redeker. El anciano lo miró fijamente, sonrió con esa cálida sonrisa tan conocida en todo el mundo, y dijo, “Molo, mhlobo wam.” “Saludos, hombre de mi tierra.” Se acercó lentamente a Paul, de espaldas a todos los gobernantes de Sudáfrica, tomó las hojas de las manos del afrikáner y dijo con una voz que de repente sonó viva y juvenil, “Este plan salvará a nuestra gente.” Luego, señalando a Paul, dijo, “Este hombre salvará a nuestra gente.” Y luego llegó ese momento, el momento que los historiadores discutirán hasta que el asunto desaparezca de nuestra memoria. Abrazó al afrikáner. Para cualquier observador, aquel era sólo uno de sus famosos abrazos de oso, pero para Paul Redeker… Yo sé que la mayoría de los psicobiógrafos siguen presentándolo como un hombre desalmado. Esa es la idea más aceptada. Paul Redeker: sin sentimientos, sin compasión, sin corazón. Pero uno de nuestros autores más respetados, un biógrafo y buen amigo de Biko, sostiene que Redeker era en realidad un hombre muy sensible, de hecho, dice que era demasiado sensible como para haber vivido en la Sudáfrica del apartheid. Él insiste que la lucha de Redeker contra las emociones era la única forma que tenía de mantener su cordura frente a todo el odio y la brutalidad que veía todos los días. No se sabe casi nada de la niñez de Redeker, si acaso conoció a sus padres, o fue criado por el estado, si acaso tenía amigos o fue amado por alguien. Aquellos que trabajamos con él, no recordamos haberlo visto nunca en ningún tipo de relación social, ni expresando físicamente ningún tipo de emoción. El abrazo del padre de nuestra nación, esa emoción genuina atravesando su armadura impenetrable…

[Azania sonríe nostálgicamente.]

Quizá todo esto es demasiado sentimentalismo. Quizá sí era un monstruo sin corazón, y el abrazo del anciano no tuvo ningún efecto. Pero puedo decirle que ese fue el último día que vieron a Paul Redeker. Incluso hasta hoy, nadie sabe qué pasó con él en realidad. Ahí es cuando entro yo en la historia, en esas caóticas semanas en que el Plan Redeker fue implementado en todo el país. Tuve que esforzarme para convencerlos, pero cuando por fin aceptaron que yo había trabajado por muchos años junto a Paul Redeker, y, lo más importante, que entendía su forma de pensar mucho mejor que cualquier persona viva en Sudáfrica, ¿cómo iban a rechazarme? Trabajé en el plan de retirada, y después, durante los meses de la consolidación y hasta el final de la guerra. Al menos mis servicios fueron bien apreciados, de lo contrario, ¿por qué me habrían asignado un retiro tan lujoso? [Sonríe.] Paul Redeker, un ángel y un demonio. Algunos lo odian, otros lo adoran. ¿Yo? Yo sólo le tengo lástima. Si todavía está vivo, en alguna parte, espero sinceramente que haya encontrado la paz.

[Después de un abrazo de despedida con mi anfitrión, soy escoltado hacia el ferry que me llevará al continente. Me asombra la seguridad que veo mientras devuelvo mi escarapela de visitante. Un enorme guardia afrikáner me fotografía de nuevo. “Tenemos que ser muy cuidadosos, amigo,” me dice, entregándome mi pluma. “Mucha gente allá afuera quiere mandarlo directo al infierno.” Firmo al lado de mi nombre, bajo un encabezado que dice: Instituto Psiquiátrico de Robben Island. Nombre del paciente que vino a visitar: Paul Redeker.]


Au revoir
Otro buen tema, otra pequeña historia hecha 'letra'. Algo en español para variar con las pocas canciones que llevo posteando, nos vemos hasta otra entrega.

A bientôt

...offering

Esta es una canción que si bien es algo triste, habla del tipo de amistades que en realidad uno querría y no prolongar, algo destructivo que podríamos arrastrar con nosotros porque nos rehusamos a soltarlo, a perder esa única cosa que aun nos hace sonreír sin importar cuanto se ha llegado a sufrir, les dejo mi verso favorito:

Just give yourself to me,
together we can will be,
so elegantly broken

A bientôt

Gebrochen freundschaft

En este momento una suerte de obsesión me abruma y me impulsa a hacer lo que llamo amablemente ‘estupideces’, una muy común es el obsesionarse, no lleva a nada pero he empezado a mostrar ciertos signos de la misma, me estoy resistiendo a avanzar y es curioso que volqué todo ese torrente aquí, aparentemente se me están acabando las opciones y claramente el tiempo. Hace unos días descubrí que ese delicado lazo humano que llamamos coloquialmente amistad y nos permite decir y hacer cosas que no haríamos con otros (que no se me malinterprete) por el solo hecho de divertirnos, de disfrutar ‘desperdiciar’ ese tiempo; yo me he olvidado de eso un buen rato, hace mucho que no salgo con nadie por el placer de hacerlo (en realidad miento, hace una semana y media lo hice, pero extrañamente no lo disfrute tanto como esperaba) y caminar y hacer tonterías y reír prácticamente sin sentido porque algo paso, en resumen abandonar mi condición racional un momento; acabo de perder eso porque conté algo que bajo otras condiciones hubiese maquillado porque creí que me entenderían, que valorarían ese acto de estúpida valentía al contarlo todo, pero como suele ocurrir en estos campos tan ajenos a mí, no ocurrió como lo esperaba, al contrario me vieron con ojos de asco y me dijeron ¿por qué quise confiar en ti? y eso realmente duele. Así que intentare joderles el ánimo un poco, ¿qué me dicen? Esa es mi pregunta para ustedes mortales, ¿por qué alguien querría confiar en ti? mi cinismo, el hecho de decir las cosas como las pienso, como las veo, como me parece sentirla me entierra y me arrastra aun más a ese incomodo sueño que aun quiero seguir alejando de mi; alguna vez escribí de las amistades, use una palabra ucraniana me parece para designar ese vinculo, Tovarăşul, y hay explico lo que las amistades son para mi mejor que en esta carta de quejas, pero si hay algo que quiero seguir acuñando en sus mentes es que ese vinculo es especial, difícil de formar para mi (porque amigos siempre serán pocos) y jodidamente fácil de romper, basta que te escupan la verdad sin el mayor remordimiento para que todo lo que has podido llegar a creer de alguien se derrumbe, son las palabras pues monstruos como ya lo vengo diciendo, crueles criaturas que se deslizan a través de nuestros sentidos y que quedan grabadas en la beneplácita presencia de la corteza cerebral gracias al hipocampo; y esa red es la que hoy me hace escribir, debo decir que los recuerdos que se han almacenado a través de los años han permanecido en buen estado, incluso aquellos que arrastro desde mi primera infancia, eso a veces es realmente desesperante, como le dije a una persona que considero como amigo ‘odio tener tan buena memoria, a veces me gustaría olvidarme de cosas pero no puedo’ y tal vez por ello muchos de ustedes crean que soy resentido, pero esos calificativos no se aplican a mí, supongo que en el fondo (aunque me encanta hacer sufrir) me gusta sufrir, me gusta sentirme culpable, adoro tener sangre en mis manos y es algo que no me explico, ¿tan fuerte es mi deseo de autodestrucción que ya he comenzado a violar los cerrojos que el instinto ha creado? Pero eso también quiere decir que mi intelecto ha vencido a mi animal interno, sé que me dirán que es imposible pero así lo veo; mi supervivencia está sobrevalorada en este momento, como la vida en sí, muchos otorgan demasiado sentido a un hecho que apenas entendemos, como bien dirían es como tratar de tapar el sol un solo dedo. Pero de la vida hablaré en otra oportunidad, con suerte tal vez, por ahora busquen una excusa para la cantidad de ‘amigos’ que creen tener, deberían escoger mejor.

Au revoir

miércoles, 18 de mayo de 2011

Komm süßer Tod

Empezaré por decirles que el título es de una canción que se usó en la película 'The End of Evangelión', el título (tanto de la entrada como de la canción) es alemán obviamente y traducido forma el curioso pedido de "Ven, Dulce muerte", arranquemos con la entrada pues. Entre a mi blog y lo leí, escuche opiniones vertidas de la última entrada en boca de una ‘compañera’ (y como le dije no es para atacarla) cuyo padre tuvo o tiene algo que ver con el la casa del ‘comandante’ y me regalo algunas palabras, útiles de alguna manera porque me serví de ellas para aclarar ciertos puntos, como la muerte (aunque indirectamente) y aunque le he dedicado una entrada bien trabajada creo yo, me gustaría hablar de ella una vez más, esto también porque recordé el episodio de “House M.D.” (Let them eat cake, si le provoca curiosidad) en el que Foreman habla con parte del equipo de médicos que están corriendo un ensayo probando una droga para el Huntington y a su pregunta de cómo harían a los pacientes regresar si han decidido dejar la prueba, a lo que le responden “¿pacientes? no los llamaría así y tú tampoco debería hacerlo, no son más que ‘números’ en nuestras pruebas” lo que llevó a mi cabeza a una conversación que sostuve con un amigo hace unos días. El discutía hasta que punto eran éticos los ensayos que yo realizaba, aunque los hago en ratones criados para ese fin, a él le pareció un tanto cruel, mi respuesta se simplifico bastante “los matan peor en otros lados” obviamente no parece un buen argumento pero al explayarnos un poco en el asunto concluyo que era cierto de alguna forma y que mejor dejáramos hablar de muerte, pero curiosamente le dio una ultima probada al tema y esa es la probada que quiero darle, me dijo ‘y por qué no lo hacen en humanos, no es más fácil así, además no ahorrarían tiempo y recursos’ para alguien en mi área (aunque aun estudies) el problema está zanjado, hay normativa detrás de esa propuesta, mucha de ella nos limita, quien sabe que pasaría de ser más flexibles en ese campo, asumo entre otras cosas que no existirían tantos defensores de los obsoletos derechos humanos, en fin seguimos hablando un rato y me pregunto qué pasaba si él ofrecía su cuerpo a la ciencia, podían experimentar en él, pues así es cómo funcionan los ensayos médicos (y de cualquier otra cosa que implique química que será lanzada al mercado) si no lo sabían, en esos casos incluso hay restricciones y me soltó la que tal vez es una gran frase “el mundo nos fuerza a nacer, nadie te pregunta si quieres nacer, solo llegas el mínimo de cortesía que debería tener es elegir cuando queremos morirnos” me reí e hice algunos comentario que quedaran encerrados en esa charla y me fui dándole vueltas a esa idea. Y ahora les toca a ustedes pensar en eso, yo por mi parte debo terminar otros menesteres, así que piensen bien en la muerte, y a propósito de la misma, ¿qué les parece la opinión de Hawking acerca de la muerte?, el discrepa mucho con mi medieval historia (a los curiosos revisar la entrada “Mort”) de la muerte, para el este es un mundo es lo único que tenemos y al morir no hay nada más, me dio cierto escalofrío considerar eso, eso hace que la idea del suicidio se torne, aunque cobarde, llena de decisión...más de la que se necesita incluso para vivir.

Au revoir

lunes, 9 de mayo de 2011

...y de donde saldrá el dinero...

Esta nota la publico el señor José Chlimper, en su columna Phronesis del diario Correo (aquel gran diario peruano dirigido por el ilustre Aldo Mariátegui) que en lo personal encuentro muy interesante, el siguiente artículo hace referencia a una posible "fuente" que podría utilizar el candidato Humala para cumplir con todas las promesas en el ambito económico (propuestas que se centran en el tan amado por la gente: paternalismo) ya que hasta ahora nunca ha respondido la pregunta que da forma al título. Sin más les dejo el artículo, disfrútenlo niños.

"La Fiesta Inolvidable"

La deuda pública del Perú es del orden de los 36,800 millones de dólares, lo que equivale al 24% de su PBI. La deuda de Irlanda equivale al 99% de su PBI, la de Portugal al 82%, la de España al 63% y la de Grecia al 143%. Promedio de los mencionados: 96%.

El CDS (credit default swap), indicador que mide el castigo por el grado de riesgo que el sistema financiero asigna a la deuda soberana de un país, es para el Perú de 1.35%, frente a 5.29%, 5.55%, 2.02% y 9.67% para cada uno de los países antes mencionados, demostrando que hoy nos ven más estables y estarían dispuestos a prestarnos dinero más barato que a ellos.

Si llevásemos la deuda peruana a un 96% de su PBI, promedio de los países antes mencionados, querría decir que el Perú podría adquirir 110,000 millones de dólares de nueva deuda. Si a eso sumamos que las reservas internacionales son de 47,000 millones de dólares y que de ellas la posición de cambio es de 33,000, podemos imaginar el tamaño del Botín que un eventual gobierno irresponsable podría tener, sin contar los 30,000 millones de dólares del Fondo de las AFP (ejemplo Argentina) o los más de 50,000 millones de soles de saldo en cuenta del Poder Ejecutivo.

Mal utilizados, con esos fondos se podría organizar una Fiesta Inolvidable. El gas podría costar 10 soles o menos el balón, el agua, la electricidad, los combustibles, y por ende el transporte, podrían ser subsidiados y bajar de precio por dos años seguidos. Incluso los alimentos podrían bajar y/o ser regalados en "canastas sociales", luego de ser importados por empresas como las antiguas ECASA o ENCI (que podrían ser privadas, ¿no?) Además de establecer una pensión para todos los mayores de 65 años, o de 60, o de 55, para defender la industria nacional se podrían imponer licencias de importación y de exportación, como antes las hubo para la cochinilla o algunos minerales. Las industrias artificiales crecerían con mercados cautivos y algunos gremios -sobre todo aquellos de los allegados al gobierno y que serían los que obtendrían las licencias de importación o exportación- aplaudirían la nueva política nacional de mercado.

¡Sí! La economía crecería a dos dígitos, la popularidad presidencial sería del orden de 80% o superior y los organismos multilaterales, como el BID, la CAF y el propio BM, apoyarían y avalarían, pues estarían colocando deuda cara, que como todos sabemos tarde o temprano se paga.

Luego de dos, tres o cuatro años de Fiesta, y comprobados todos los beneficios del nuevo modelo, sería un buen momento para hacer un Referéndum. ¡Es el Pueblo el que decide! ¡El supremo soberano! ¡Eso es Democracia! Con mayoría de más del 70% se aprobaría la nueva Constitución.

Dentro de 10 años, en el 2021, celebraríamos el bicentenario en medio de pobreza, inflación y desempleo.

Con una deuda abultada, ya no nos prestarán más recursos, como les sucede hoy a los europeos, y aquí no hay petróleo para seguir la juerga. Pero no importa, para muchos, incluyendo algunos pocos empresarios mercantilistas, quedaría el recuerdo de una Fiesta Inolvidable.


Au revoir

domingo, 8 de mayo de 2011

Confidencial

El siguiente es un informe clasificado, "solo para tus ojos". Queda prohibido su divulgación, ya se parcial o totalmente. Por el resto diviértanse con la lectura niños.




ESTACIÓN VOSTOK: ANTÁRTIDA

[Antes de la guerra, este refugio era considerado el más remoto de toda la Tierra. Situado cerca del polo geomagnético sur del planeta, sobre la corteza de hielo de cuatro kilómetros de espesor del Lago Vostok, las temperaturas aquí han alcanzado un récord mundial de menos ochenta y cinco grados Celsius, y rara vez suben más allá de los menos veintidós. El frío extremo, y el hecho de que el transporte terrestre tarda más de un mes en llegar a la estación, fueron las razones que hicieron de Vostok un lugar tan atractivo para Breckinridge “Breck” Scott.

Nos reunimos en “El Domo,” el vivero geodésico reforzado que obtiene su poder del generador geotérmico de la estación. Estas y muchas otras mejoras fueron implementadas por el mismo señor Scott cuando alquiló la estación del gobierno ruso. No ha salido de allí desde el Gran Pánico.]

¿Usted sabe sobre economía? Hablo del gran capitalismo global de antes de la guerra. ¿Entiende cómo funcionaba? Yo no, y cualquiera que le diga que sí entiende, le está hablando mierda. No hay reglas, no hay absolutos científicos. Uno gana o pierde, como lanzando unos dados. La única regla que entendí alguna vez, la aprendí de un profesor de historia en Wharton, no de uno de economía. “El miedo,” decía, “el miedo es el producto más valiosos de todo el universo.” Eso me cambió la vida. “Sólo enciende la televisión,” decía él. “¿Qué ves? ¿Gente vendiéndote productos? No. Esa gente está vendiéndote el miedo de tener que vivir sin sus productos.” El maldito loco tenía razón. Miedo de envejecer, miedo a estar solo, miedo a la pobreza, miedo a fracasar. El miedo es la emoción más simple que tenemos. El miedo es primitivo. El miedo vende. Ese era mi lema: “El miedo vende.”

Cuando escuché por primera vez de la epidemia, cuando todavía la llamaban Rabia Africana, vi la mayor oportunidad de toda mi vida. Nunca voy a olvidar ese reportaje, la infección en Ciudad del Cabo, sólo diez minutos de reportaje real, y más de una hora de especulaciones sobre lo que pasaría si el virus llegaba a Norteamérica. Dios bendiga a la noticias. Estaba marcando un número telefónico apenas treinta segundos después.
Me reuní con algunas de mis personas de confianza. Todos habían visto el reportaje. Yo fui el primero al que se le ocurrió una idea rentable: una vacuna, una vacuna contra la rabia. Gracias a Dios que la rabia no tiene cura. Con una cura, la gente la compraría sólo cuando creyesen que estaban infectados. ¡Pero una vacuna! ¡Eso es prevención! ¡La gente se la seguiría aplicando mientras existiese el miedo de que algo seguía todavía allá afuera!

Teníamos muchos contactos en la industria biomédica, y muchos más en los laboratorios de Hill y Penn Avenue. Podríamos tener un prototipo en menos de un mes, y una propuesta escrita en sólo un par de días. Para cuando llegamos al hoyo dieciocho, todo eran apretones de manos y felicitaciones.

¿Y qué harían con la FDA?

Por favor, ¿lo dice en serio? En ese entonces la FDA era una de las organizaciones más pobres y más mal administradas de todo el país. Creo que todavía estaban celebrando por haber sacado el colorante rojo No. 2 de los M&Ms. Además, estábamos en una de las administraciones más ventajosas para los negocios de toda la historia norteamericana. J. P. Morgan y John D. Rockefeller seguramente se estaban masturbando en sus tumbas pensando en el tipo ese de la Casa Blanca. Su gente ni siquiera se molestó en leer nuestro reporte de estimación de costos. Supongo que ya estaban buscando una cura milagrosa. Nos pasaron a través de la FDA en menos de dos meses. ¿Recuerda ese discurso del presi ante el Congreso, diciendo que ya había sido probada en Europa, y que lo único que la estaba demorando era nuestra “hinchada burocracia”? ¿Recuerda todo eso de que “la gente no necesita un buen gobierno, sino buena protección, y la necesitan ahora?” Jesucristo, creo que medio país se vino en los pantalones al escuchar eso. ¿Qué tanto subió su popularidad esa noche? ¿60%, 70%? ¡Yo sólo sé que nuestra OPV subió 389% en un solo día! ¡Trágate eso, Baidu punto com!

¿Y ustedes no sabían si funcionaba?

Sabíamos que funcionaba contra la rabia, y eso es lo que decían que era, sí, que era una cepa extraña de rabia de la selva.

¿Quién dijo eso?

Ya sabe, “ellos,” los de la ONU y… todos los demás. Así es como todo el mundo la llamaba, la “Rabia Africana.”

¿Alguna vez la comprobaron en una víctima real?

¿Por qué? La gente se hacía vacunar contra la gripe todo el tiempo, y nunca sabían si la vacuna era para la cepa correcta. ¿Por qué iba a ser diferente esta vez?

Pero el daño…

¿Quién iba a pensar que llegaría tan lejos? Usted recuerda todas las alarmas por epidemias que había en ese entonces. Dios, uno pensaría que la Peste Negra barría el globo cada dos o tres meses… ébola, SARS, gripe aviar. ¿Sabe cuánta gente consiguió dinero con esas alarmas? Mierda, yo me gané mi primer millón de dólares vendiendo pastillas antirradiación falsas cuando todo el mundo tenía miedo a un bombardeo.

Pero si alguien descubría…

¿Descubría qué? Nunca le mentimos a nadie, ¿entiende? Nos dijeron que era una rabia, así que hicimos una vacuna contra la rabia. Dijimos que la habían probado en Europa, y las drogas en las que se basaba habían sido probadas todas en Europa. Técnicamente, no mentíamos. Técnicamente, no hicimos nada malo.

Pero si alguien descubría que no se trataba de una rabia…

¿Y quién iba a hacer el anuncio? ¿Los médicos? Nos aseguramos de que fuera un medicamento de prescripción, así que los médicos habrían quedado tan mal como nosotros. ¿Quién más? ¿La FDA que nos dio el visto bueno? ¿Los congresistas que votaron para su implementación? ¿El Ministerio de Salud? ¿La Casa Blanca? ¡Era un tiro seguro! Todos quedamos como héroes, todos hicimos buen dinero. Seis meses después de que el Phalanx salió al mercado, comenzaron a salir todas esas copias de marcas baratas, y todas se vendían igual de bien, así como todos los demás productos complementarios, como los purificadores de aire.

Pero el virus no se contagiaba por el aire.

¡Eso no importaba! ¡Lo importante era que tenía la misma marca! “De los creadores de…” Todo lo que yo tenía que decir era que “puede prevenir algunas infecciones virales.” ¡Eso era todo! Ahora entiendo por qué es ilegal gritar “fuego” en un teatro. La gente no va a decir “Hey, no huele a quemado, no hay ningún fuego,” no, la gente dice “¡Mierda, un incendio! ¡Corran!” [Se ríe.] Conseguimos más dinero todavía con los purificadores de aire para el hogar y el auto; ¡El que más se vendió fue esa cosita que se ponía alrededor del cuello antes de subir a los aviones! No sé qué diablos era capaz de filtrar, pero se vendió.

Las cosas iban tan bien, que comencé a crear todas estas empresas de fachada, ya sabe, con planes para construir fábricas en todo el país. Las acciones de esas se vendieron casi tan bien como las de la verdadera. Ya ni siquiera era por la ilusión de la seguridad, ¡era la ilusión de tener una ilusión de seguridad! ¿Recuerda cuando comenzaron los primeros casos en los Estados Unidos, ese tipo en Florida que dijo haber sido mordido, pero que sobrevivió gracias a que estaba tomando Phalanx? ¡Vaya! [Se pone de pié, e imita un movimiento de fornicación.] Que Dios bendiga a ese imbécil, quienquiera que sea.

Pero no fue por el Phalanx. Su droga no hacía nada para proteger a la gente.

Los protegía de sus miedos. Eso era lo que yo vendía. Diablos, gracias al Phalanx, el sector de la biomedicina comenzó a recuperarse, lo cual, a su vez, puso en pié todo el sector financiero, y nos dio la impresión de una bonanza económica, ¡y eso le devolvió la confianza a los consumidores y estimuló la verdadera recuperación! ¡El Phalanx fue lo que acabó con la recesión! Yo… ¡Yo acabé con la recesión!

¿Y luego? ¿Qué pasó cuando los contagios se agravaron y la prensa reveló que no existía un medicamento para evitarlo?

¡Exactamente! Es a esa perra presumida a la que deberían fusilar, ¿cómo se llamaba? ¡Esa que dio la noticia por primera vez! ¡Mire lo que hizo! ¡Nos movió el piso a todos! ¡Ella fue la que inició el desastre! ¡Ella causó el Gran Pánico!

¿Y usted no se hace responsable de nada?

¿Por qué? ¿Por sacar un poco de dinero de todo el maldito asunto?… bueno, para nada. [Se ríe] Lo único que hice fue lo que se supone que todos deberíamos hacer. Perseguí mi sueño, y saqué mi tajada. Si quiere culpar a alguien, culpe a los que dijeron que era un brote de rabia, o a los que sabían que no era rabia pero igual nos dieron luz verde. Mierda, si quiere culpar a alguien, ¿por qué no empieza con todos esos corderos que entregaron sus verdes sin molestarse en preguntar primero? Yo no les apunté con una pistola a la cabeza. Ellos mismos hicieron su elección. Ellos son los malos, no yo. Yo nunca le hice daño a nadie, y si fueron tan estúpidos como para dejarse engañar por todo el mundo, pues sniff-jódanse-sniff. Claro que…

Si existe el infierno… [se ríe mientras habla]… No quiero ni pensar en cuántos de esos imbéciles están esperándome allá abajo. Sólo espero que no me pidan un reembolso.


Estas (tal vez) incomodas palabras las he tomado prestadas del libro “World War Z” de Max Brooks; si bien es una supuesta obra recopilatoria de una guerra contras los ‘walkers’ (entiéndase zombies, de hay la "Z" en el título del libro) está cargada de este tipo de referencias crudas que golpean pero que sabemos en el fondo son ciertas pero que decidimos ignorar, yo soy de los pocos ‘enemigos’ de esta clase, siempre les diré que no, pero esas son convicciones y cada uno decide qué lado apoyar y claro, como en todo caso, no hay medias tintas en este tipo de conflictos, a ver que les deja ese fragmento del libro que por hoy estoy leyendo.

Au revoir