Roy Elliot, fragmentos recogidos del libro World War Z (M. Brooks)
El SDA, ese era mi enemigo: Síndrome de Defunción Asintomática, o Síndrome de Depresión Apocalíptica, dependiendo de con quién esté hablando. No importa cómo lo llamen, mató a más personas en esos primeros meses de espera, que el hambre, las enfermedades, la violencia y los muertos vivientes. […] Justo afuera de Los Ángeles, en un pueblo llamado Claremont, hay cinco universidades —Pomona, Pitzer, Scripps, Harvey Mudd, y la Claremont Mckenna. Al comienzo del Gran Pánico, cuando todo el mundo salió literalmente corriendo hacia las colinas, trescientos estudiantes decidieron quedarse y pelear. Convirtieron el Academia Femenina de Scripps en algo parecido a una ciudad medieval amurallada. Reunieron las provisiones de las demás universidades; sus armas eran una mezcla de herramientas de jardinería y rifles de entrenamiento de los Oficiales Reservistas Universitarios. Plantaron jardines, excavaron pozos, fortificaron los muros que ya existían. Mientras las montañas ardían en el fondo, y los suburbios a su alrededor eran consumidos por la violencia, ¡esos trescientos muchachos se defendieron contra diez mil zombies! Diez mil, a lo largo de cuatro meses, hasta que el Imperio Interior pudo ser reclamado de nuevo. Tuvimos la suerte de llegar justo para ver el final de todo, para ver caer al último de los muertos, y luego a todos esos estudiantes y soldados reunidos bajo la enorme bandera hecha de retazos que colgaba del campanario de Pomona. ¡Qué historia! Noventa y seis horas de escenas en la lata. Me gustaría haber podido grabar más, pero el tiempo era crítico. Recuerde, perdíamos cien personas cada día. […] ¿Una mentira? Está bien. Puede decirlo. Sí, eran mentiras, pero eso no es necesariamente algo malo. Las mentiras no son ni buenas ni malas. Al igual que el fuego, pueden mantenernos tibios y seguros, o quemarnos hasta morir, dependiendo de cómo se usen. […]Las mentiras del pasado se habían desvanecido, y la verdad estaba por todos lados, cojeando en las calles, entrando por las puertas, lanzándose a sus cuellos. La verdad era que, sin importar lo que hiciéramos, la mayoría de nosotros, quizá todos, no alcanzaríamos a vivir para ver el futuro. La verdad era que quizá enfrentábamos el final de nuestra especie, y esa fría verdad estaba congelando hasta morir a más de cien personas cada noche. Necesitaban algo para mantenerse tibios. Por eso les mentí, al igual que el presidente, que cada médico, sacerdote, cada líder de tropa y cada padre de familia cuando decían “vamos a estar bien.” Ese era nuestro mensaje. […]¿Pero mostraba el lado oscuro de los héroes de La Ciudad de los Héroes? ¿Mostraba la violencia y las traiciones, la crueldad, la depravación, y la profunda maldad en el corazón de algunos de esos “héroes”? No, claro que no. ¿Para qué? Esa era nuestra realidad cotidiana, y fue lo que hizo que mucha gente se metiera en la cama, apagara las velas, y exhalaran su último aliento. Marty quiso, en lugar de eso, mostrarnos el otro lado de la moneda, el que los ayudaba a levantarse de la cama al día siguiente, el que los hacía arañar y gritar y seguir luchando por sus vidas, porque alguien les decía que las cosas iban a salir bien. Existe un nombre para esa clase de mentiras: Esperanza […]
Esta parte me pareció muy particular, tal vez es el contexto de lo que pasamos hoy, tal vez es un cable de mi subconsciente que ha conseguido engancharse al cielo (entiéndase ‘el exterior’, algo que es expresado) pero es particular el enfoque que dan a esta parte, empiezo a respetar algo más este libro, no tuve muchas expectativas de él, pensé que me iba a entretener y que contendría material algo gore salpicado de comedia, pero he obtenido una crítica a la sociedad, al estado y a la propia forma de vida actual que no puedo evitar sonreír cada vez que paso una página y me encuentro con algo extrañamente actual, tómenlo de la mejor manera niños.
Au revoir
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