El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza
Friedrich Nietzsche
Orgullo; mi ‘pecado’ favorito, una parte que no puedo negar en personalidad, algo de lo que (posiblemente) busque desprenderme y que se volvió uno de mis más grandes fracasos, soy yo y no puedo evitarlo. El orgullo forma parte de mí innegablemente, sé que es un arma de doble filo y aun así la sigo usando o mejor dicho no la desecho (que sería lo ‘más fácil’) y sigo levantando su estandarte, para algunos esto sería muestra absoluta de idiotez, pero yo les diría que quien no es orgulloso no se puede contemplar al espejo todos los días y sonreírse antes de sumergirse en ese desagradable colectivo apodado sociedad. Creo yo que todos lo tenemos en mayor o menor medida, en algunos casos (como el mío) nuestras vidas están regidas en ciertos aspectos por él y en otras tratan de tildarlo de indigno, algo que debe ser combatido y rechazado; claro háganlo si quieren dejar su individualismo de lado, si no quieren comprometerse con algo jamás, si quieres ser parte de un rebaño. Esta no es una invitación para que llenen el ‘globo de ego’ si no para que piensen en abrazar el concepto de orgullo, que para mí no es otra cosa que no inclinarse ante nadie más que nuestro auto convencimiento, ya incluso en esos casos sería algo excesivo; supongo que esa particular ‘virtud’ es la que me lleva a ser brutalmente honesto respecto a muchas cosas, que me lleva a despreciar tanto el acto de comparación y pensándolo bien es también el gatillero predilecto de mi perfeccionismo, un coctel bastante particular para cualquiera creo yo. Siguiendo con las ideas sueltas, acabo de recordar palabras del maestro JLB, el más que de lo escrito se enorgullecía de lo leído pero el maestro peca de humildad, porque muchos somos los que leemos, pero cada vez menos los que creamos ya aun menos los que podían manipular el lenguaje a su gusto como él, tal vez ese sea el único punto que le reprocho al maestro. Otro que hablo del orgullo (y que he tenido el placer de leer) fue Nietzsche, valorándolo mucho y poniéndolo como cima de todo, era la epítome del desarrollo del hombre; algo que al ser conseguido trazaría un camino diferente porque además de ampliar el horizonte de quien lo posea, lo hará buscar su propio camino a la perfección. Pero creo que es algo complicado defender tal virtud cuando ha pasado milenios de escarnios y malversaciones, gran parte de estos gracias a la puta de Babilonia que ocupo buena parte de su historia a pisotear la individualidad y la ciencia, pero dejemos las religiones y las palabras de enojo, de lo contrario no creo que faltara quien levantara el dedo acusándome de soberbio, supongo que me reiría a carcajadas antes de poder regalarles una respuesta apropiada, pero eso tampoco compete a esta entrada; lo que si sería estúpido es mencionar que de no domar nuestro orgullo (entiéndase cuando no sobrepasar el límite y que este transmute en burda estupidez) obviamente estaremos en riesgo de cometer actos de extrema estupidez, porque como todas las cosas el orgullo también tiene dos caras y solo al entender una, nos percataremos de que hay otra escondida bajo la superficie de la primera que busca engañarnos, ella espera a que tropecemos, pero no le den el gusto, siempre hay tiempo de urdir algo sobre la marcha.
Au revoir
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