El pájaro rompe el cascarón, el huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper el mundo. [H.H.]
¿Qué pasa cuando los propios cimientos bajo los que fundaste
muchas cosas empiezan a debilitarse? Mi mundo no ha pasado por eso desde un
largo tiempo, desde que el cascaron del mundo se rompió, y luego desde que yo
me quebré; hoy no traten de encontrar algo elaborado más allá de la premisa
bajo la cual ha empezado este texto. Hace mucho que yo no sé lo que es preparar
tu mundo a una implosión que posiblemente tenga que obligarte a reconstruirlo
premisa a premisa; estoy ‘de ocioso’ pensando detalles del mundo, esas
imperfecciones de las que habla el maestro y de las que estoy consciente para
afirmar a veces que todo simplemente es como Parménides dice ‘no es’. Me he
desviado una vez más, tratare de responder la pregunta; debería empezar por lo
usual, ‘miedo’ paralizante y asqueroso temor corriendo por nuestra espina,
sentirnos perdidos los primeros minutos, desconcentrados, fuera de nosotros y
entonces en medio de ese pandemonio, oscuridad, nos acabamos de detener, ¿qué hacer,
entonces? De eso se trata todo, desde aquí no hay una respuesta, lo que leerán es
mi respuesta. Hay dos salidas, la primera es la más difícil, pues cuando sentimos al mundo (todo su inconmensurable peso) sentimos unas irrefrenables ganas de gritar pero al mismo tiempo el miedo nos ha paralizado tanto que no alcanzamos siquiera a lanzar un gemido y todo se desploma poco a poco, como en cámara lenta y nosotros simplemente detenidos allí sin siquiera poder gritar. Así, si
ineludiblemente el mundo colapsará bajo nuestros hombros lo menos que podemos
hacer es no arrastrar a otros con nuestra caída, así que salgan del juego y
usen por única vez la puerta trasera (quienes me han leído saben de que hablo)
y retírense con la poca dignidad que aun puedan tener. La segunda opción
requiere de más tiempo únicamente, y se define en una sola palabra ‘reconstruir’;
mi autor de terror favorito decía: ‘La emoción más antigua y más intensa de la
humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo
a lo desconocido’ y no hay duda que el hecho de no saber que esperar los
próximos meses (en el mejor de los casos) es acojonante, pero si no peleamos no
sabremos si podemos ganar, y aun cuando perdamos sabremos donde y porque falló
todo y podremos levantarnos, sacar las piedras de nuestras sangrante rodillas y
empezar otra vez, solo que esta vez ya tendremos una base (si bien rudimentaria)
sobre la cual apoyarnos. Enfrentar la realidad a la cara, sin ningún velo es de
las cosas más difíciles que alguien puede intentar, no hay certeza alguna pero
como escribí en alguna entrada, no hay hombre más peligroso que aquel que lo ha
perdido todo y al haber perdido los cimientos que dan forma a nuestro mundo, se
puede decir que lo hemos perdido todo. Reconstruir todo, desde cero, es
jodidamente difícil pero tiene un resabio dulce, algo masoquista, pero el
completarlo es realmente una burla completa sobre la vida misma que intentaba
una vez patearnos el culo, esta salida no está hecha para todos y quienes se
aventuren a ella seguramente acabaran algo rotos pero como el libro de cierto
conejo reza ‘…generalmente, para cuando eres Real, has perdido la mayor parte
del cabello de tanto amor y tus ojos cuelgan y las articulaciones y muy
gastado. Pero estas cosas no importan en absoluto, porque una vez que eres Real
no puedes ser feo, excepto para la gente que no entiende’ (gracias por
la frase pequeño conejo)
P.D. : a los curiosos, el título si hace referencia al tema, saquen sus conclusiones en función de la primera salida.
Au revoir