Los infiernos son personales, difícilmente compartidos, pequeñas rendijas de perfección en un mundo austero en detalle y precisión. Son nuestros más grandes temores materializados perfectamente ante nosotros, pero aquella ’perfección’ es aparente porque incluso en aquel trance las soluciones pueden llegar, a su tiempo; siempre hay ese cierre (finalización o un favorito ‘closure’, para esto el inglés si resulta práctico) que nos termina sacando de aquel mundo de miedo, lo curioso es cuando el infierno personal de una persona es su vida, ¿difícil de imaginar? Lo dudo, miren a su alrededor ¿qué ven? yo miro todo eso ‘sobre mi hombro’ y me sigo preguntando ¿cómo termine atrapado aquí? La respuesta es un silencio muy incomodo, ‘tú’ tal vez me respondería hace una semana ‘tú tienes la culpa de estar donde estas’ y es cierto, pero no es lo único, siento que debe haber más, así lo creo. Lo cierto es que mi infierno personal es algo más amplio de lo que podría abarcar cualquier sueño mortal, Morfeo no podría dar con algo así, tal vez simplemente este alardeando de tal cosa pero no creo que muchos vean el mundo como yo lo veo; hay días que me incomoda la idea, hay días que me da igual, la música cambia eso (como le dije a alguien alguna vez), me ayuda a soportar esa ‘particularidad’. Eso a veces quita fuerzas, arranca emociones, provoca llantos ahogados que ríen y ríen atemporalmente en mi cabeza, muchas veces he querido darme por vencido y pocas han sido tan imperiosas como la de hace unos días, en medio del silencio sonreía a esa posibilidad, acariciándola como algo preciado, me dio asco. Pero eso también me dio cierto ánimo, cierta idea para entretejer mi mundo nuevamente (para ‘volver a empezar’) siempre rodeado de nuevos inicios falsos, incluso este titiritero necesita salirse del personaje de vez en cuando, mi cuerpo necesita un descanso de mis propias almas, necesita vivir la vida del otro que nos espera en el umbral de aquel reflejo en sombras. Los acordes de mi mundo se van hundiendo algo, se van disolviendo mientras desesperadamente compongo nuevos, muy lento a decir verdad, la falta de práctica complica las cosas peor eventualmente las regresa al punto muerto donde las dejamos, ahora el truco simplemente es seguir. Recuerdo haber dicho o escrito alguna vez que la dualidad compone este mundo, donde hay ‘caras largas’ habrá necesariamente ‘caras felices’ a la vuelta de la esquina; y así como para amar tenemos que aprender a amarnos primero (Sonata Arctica canta algo así en Paid in ful) consecuentemente para odiar algo debemos odiarnos primero, pero ¿qué ganamos con eso, no? pues la seguridad suficiente de decir ‘odio’ algo o ‘amo’ algo lo cual a los ojos de este escritor es más complicado de lo que alguna vez podamos a imaginar precisamente por la simpleza con la que se desenvuelve este accionar. Yo pregunte hoy algo parecido, la arrogancia de siempre fue tomada como una advertencia y la respuesta llego rápidamente del otro lado, odiamos y odiamos pero ¿realmente lo hacemos o solo lo decimos? al menos en lo que a mi compete, no bromeo mucho al respecto aunque siempre declare para mi fuero interno que me amaba más de lo que me odiaba (¿Qué me diría Lestat?) y que por esa misma razón era libre de decirlo y expresarlo, ese desprecio consecuente al odio es clásico para mí, es una suerte de catarsis aunque siempre interiorizada, nada afuera (¿para qué desperdiciar el tiempo explicándoles a todos porque es que estas con ese humor particular este día?) porque aunque tiene mucho de liberación el exteriorizarlo nos alejaría más, la locura nos dominaría y eso es precisamente algo que no quiero suceda en estos momentos, solo quiero que mi infierno personal tenga otra salida además de la de emergencia, odiaría tener que utilizar la salida posterior más aun después de dejar en mi cuerpo una marca indeleble de mi lucha personal, el ankh que llevo tatuado en la piel no puede terminar de esa manera, se que eventualmente encontrare respuestas pero por el momento tengo que descansar y replantear muchas cosas, el lunes habrá mucho que hacer...
Au revoir
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