sábado, 16 de abril de 2011

Trefflichkeit

Hace unos días termine de ver una serie, bastante buena (debe ser de lo más original que he visto en los últimos meses) pero me desagrado el giro final de los últimos cinco minutos, (no entiendo que quisieron hacer, pero a mi entender no lo lograron) con tan brillante desarrollo conceptual, de personajes e historia no tenían que hacer salvo eliminar esos cinco minutos de más. Y eso me llevo a preguntarme qué finales me habían gustado, sean estos vistos, leídos o escuchados (porque siempre es bueno escuchar una buena historia) y caí en cuenta que podía contarlos con las manos, son pocos los autores de tal hazaña pero me resigno tristemente a decir que no hay final perfecto (al menos en lo que he podido revisar hasta el momento) y que los autores de toda ficción (porque incluso la realidad es una cruel ficción) temen crearlo, los más astutos como el maestro Borges los intuyen y esbozan lo mejor que el lenguaje puede contenerlos (admito que es una limitación) pero fuera de esas consideraciones parecieran que todos la evitamos. Sé que en algún punto escribí que no existe la perfección y que esos ligeros atisbos de genialidad son lo más cercano que podemos aspirar a conocerla; aun así me doy cuenta de que existe ese pernicioso temor a la perfección, incluso esto implique el solo hecho de aproximarnos a ella y me pregunto ¿por qué? Lo cierto es que no lo sé, imagino que incluso yo me alejo de ese sendero cada vez que veo su onírico resplandor y supongo también que siento algo en ese momento que difícilmente puede ser puesto en palabras. Creo además que las composiciones particularmente extensas son más proclives a tener estos errores, pues todo ha ido creciendo y creciendo, haciéndose fuerte hasta el punto en que la trama supera todo lo demás, en ese momento hay dos posibles caminos, el fulgor negro de la perfección o la caída estrepitosa de todo con la excusa de querer hacerlo ‘aun más grande’; siendo lamentable el hecho porque el autor fue superado por su obra y este en su afán de superarla, la destruye. El hecho de que me guste tanto leer me ha hecho encontrar ese patrón, lamento mucho que exista, que se arraigue tanto y que (mucho peor) los autores quieran continuar cayendo en ellas al intentar continuar sagas que quedan (como el hombre sabio las llama) con ‘una rendija abierta en alguna ventana’ por el simple hecho de creerse capaces de poder ingresar en aquel estado aparente de nirvana una vez más. Todo eso es como uno de mis escritores favoritos plasma en una de sus grandes libros: todos los autores que quisieron sobrepasar la grandeza de su obra terminan arrastrando con pesar todo su innecesario ‘intentar’ (las letras, voces o lo que sea que hayan usado para crear tales esperpentos) “catorce veces” (aludiendo al Asterión de Borges) por toda la eternidad; es ese mismo afán de continuar usando recursos innecesarios como los que ahora escribo que me detengo y solo con el afán de no dejar que concilien el sueño los dejo pensando si alguna vez anduvieron cerca del sendero difícil de diferenciar que nombre conocido (o atribuido por mí, al menos) no tiene; o algo para quienes sufren mi desorden, cuenten cuantas veces ha llegado a sus manos algo similar. Solo quiero cerrar añadiendo que la música (néctar en mi vida) queda fuera de toda consideración, tal vez más adelante me anime a detallar que es para mí la música y porque le atribuyo tal importancia pero hoy solo tienen que responderse a sí mismos acerca de la perfección.

Au revoir

No hay comentarios: