Continuando con el ciclo que emprendí dos entradas (con el mismo tema obviamente) atrás, les traigo el capitulo cuatro de esta sección de mi 'Opus Magna'. Para este momento, les pediré desistan en mandarme posibles sugerencias para un giro en la trama, porque después de todo, de seguirlos, no seria yo quien les escribe, seria alguna otra abominación (aunque podría aceptar hacer un 'cadáver exquisito' con alguien que me demuestre vale la pena, guardando las distancias y el sentido altanero de la frasesita) y obviamente no seria nada bien recibido por quien les escribe, tal vez a alguien le guste, pero si no me satisface tengan la certeza de que auto-saboteare todo mi proyecto con tal de eliminar tal aborto. Y esa es una pequeña idea de la ira, un sentimiento tan puro (léase cuya esencia no se puede mezclar) que no puede ser contenido y tiene que manifestarse, porque seamos honestos, no hay nada peor que aparentar buena cara si algo nos molesta (nos provoca este sentimiento), yo no puedo aguantar eso, simplemente lo digo, así eso me pueda traer problemas, creo que es algo que debería arreglar un poco, o tal vez no.
[publicaré el capitulo cuatro un poco más tarde, imagino que lo empezaré en unas seis horas desde este momento, y quien sabe a que hora lo termine, pueden ser diez minutos o diez horas]
Au revoir
4.- Abriendo el expediente
Cuando desperté eran cerca de las catorce horas, las sabanas tenían ciertos rastros de sangre, pero las heridas habían mejorado y el dolor había disminuido sustancialmente. Me levanté y me dirigí al cuarto de baño, me vi en el espejo, ignore aquel reflejo y abrí la gaveta, tome el frasco de tramadol y por primera vez en un buen tiempo las deje en su sitio. Las punzadas en el flanco por esa maldita herida de bala comenzaron mientras caminaba a la biblioteca, vi los files en el escritorio y agarre el primero, mi cabeza aun daba vueltas y no tenía muchas ganas de revisar eso, pero tenía que hacerse; poco a poco fui avanzando a través de toda la investigación, nombres de monstruos aparecieron mientras avanzaba, pero había uno en particular que me llamo la atención, un recuerdo se dibujaba en mi mente. ‘estas segura…’ le dije y tome el expediente de aquel tipo ‘es lo más cerca que estamos de hallar un culpable ¿no?’ me dijo, estaba decidida ‘pero no podemos publicarlo de esta forma…necesitas esconder este dato, creo que te puedo ayudar con eso’ le dije, la abrace y le di un beso ‘todo saldrá bien, ya verás’ termine ‘lo sé…’ ella sabía que le mentía. Continúe leyendo y seguí descubriendo nombres curiosos, nombres que compartían con la investigación que hicimos antes de escribir el libro, ahora conocía el blanco, sería casi un suicidio intentarlo, pero lo llevaría a cabo pasase lo que pasase ‘ira irracional…’ me repetía, tal vez sabía que estaba mal pero no me importaba.
Dos horas después ya había terminado todos los files, y la palabra iracundo tal vez me representaba muy bien en esos momentos, no pensaba, solo quería destrozar algunas cosas, pero mis heridas me pararon, el dolor se hizo más intenso y solo alcance a arrugar las paginas que acababa de leer, caí de mi sillón y me retorcí, las heridas se habían abierto. Me pare como pude y fui al cuarto de baño, me metí en la ducha, la sangre volví a correr, el agua solo empeoraba la situación, salí y atendí los cortes como pude, abrí la gaveta y engullí un puñado de pastillas, conocía mi limite y no lo excedí. El dolor se detuvo, pero mi cabeza empezaba a dar vueltas, volví a caer en mis manchadas sabanas y me dormí; cuando volví a despertar aun estaba oscuro, mi noción del tiempo había desaparecido, no me importaba. Me levanté y caminé una vez más a la biblioteca, las manchas de sangre aun seguían allí y seguirían allí un buen tiempo, encontré los papeles tirados por toda la habitación y los ordene, los puse dentro de la caja y los lleve conmigo a la azotea. La brisa nocturna me hizo notar que estaba sin camisa, no me moleste en bajar, le prendí fuego a los expedientes y disfrute del calor que este me ofrecía, gracias al brillo de la pila de papeles ardientes note que mis cortes sanaban, eso no era nada bueno, me había quedado inconsciente por un buen rato y en momentos como esos el tiempo era mi enemigo. Deje que los papeles se quemaran, fui a mi cuarto y empaque algunas cosas. Ese maldito viaje estaría por comenzar, prendí el televisor y las noticias aun recordaban las pompas fúnebres de los bastardos que había asesinado ‘todo por un maldito expediente…’ bufé y apague el aparato, nunca sabrían lo que pasó ‘¡maldito expediente!’ grite al fin, realmente deseaba nunca haberme enterado de tales cosas.
Dos horas después ya había terminado todos los files, y la palabra iracundo tal vez me representaba muy bien en esos momentos, no pensaba, solo quería destrozar algunas cosas, pero mis heridas me pararon, el dolor se hizo más intenso y solo alcance a arrugar las paginas que acababa de leer, caí de mi sillón y me retorcí, las heridas se habían abierto. Me pare como pude y fui al cuarto de baño, me metí en la ducha, la sangre volví a correr, el agua solo empeoraba la situación, salí y atendí los cortes como pude, abrí la gaveta y engullí un puñado de pastillas, conocía mi limite y no lo excedí. El dolor se detuvo, pero mi cabeza empezaba a dar vueltas, volví a caer en mis manchadas sabanas y me dormí; cuando volví a despertar aun estaba oscuro, mi noción del tiempo había desaparecido, no me importaba. Me levanté y caminé una vez más a la biblioteca, las manchas de sangre aun seguían allí y seguirían allí un buen tiempo, encontré los papeles tirados por toda la habitación y los ordene, los puse dentro de la caja y los lleve conmigo a la azotea. La brisa nocturna me hizo notar que estaba sin camisa, no me moleste en bajar, le prendí fuego a los expedientes y disfrute del calor que este me ofrecía, gracias al brillo de la pila de papeles ardientes note que mis cortes sanaban, eso no era nada bueno, me había quedado inconsciente por un buen rato y en momentos como esos el tiempo era mi enemigo. Deje que los papeles se quemaran, fui a mi cuarto y empaque algunas cosas. Ese maldito viaje estaría por comenzar, prendí el televisor y las noticias aun recordaban las pompas fúnebres de los bastardos que había asesinado ‘todo por un maldito expediente…’ bufé y apague el aparato, nunca sabrían lo que pasó ‘¡maldito expediente!’ grite al fin, realmente deseaba nunca haberme enterado de tales cosas.
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