sábado, 10 de julio de 2010

Metal Army

Como bien habrán leído en mi pobremente ilustrativa descripción, soy un metalero autoproclamado, y con ello doy pie a muchos temas de discusión, otros se entrelazan y dan temas aun más interesantes y complejos (y otros ambiguos en ciertos aspectos) que podrían enredar mis palabras incluso más de lo usual. Pero mi cabeza siempre está abierta a muchas otras expresiones (no solo de metal alimento a mis oídos) musicales, algunas tan majestuosa que llevan vivas cientos de años, los genios clásicos, (y con cierta y renovada pasión algunos compositores actuales) las embriagantes notas del jazz, los melodiosos coros clásicos o los de opera (no descarto al góspel de esto) y porque no, la fusión de estos que no hacen más que enriquecer estos sonidos del mundo; pero es particularmente el metal que atrapa y cohesiona también dos fuerzas tan dispares como las voces rasgadas, las ululantes guitarras y las voces de una soprano o de un tenor, y que incluso engendra nuevas vertientes no exploradas; es esa fuerza, esa persistencia y la cualidad de incursionar sin miedo a la fusión y sobre todo la cohesión, el sentido de hermandad que este puede llegar a desprender.
Ya no recuerdo como me introduje a este mundo, como me sumergí entre los mares de discos y grupos, todos con algo diferente que ofrecer, todos con puestas en escenas particulares; y aun hoy siguen cambiando, pero ¿de qué vale hablar de una sola cosa? pues se resume prácticamente en dos cosas, la fusión y la hermandad; que si bien las envolví dentro de un campo en el que creo me desenvuelvo mejor, me explaye demasiado para algunos gustos (tal vez) pero me pareció necesario. Ahora con los temas ya definidos ¿por qué hablar de ellos? (y sobre todo en estos tiempos) pues precisamente porque esas cosas se han dejado de lado, porque hemos cambiado las fijaciones que solíamos tener; estoy en contra de muchos preceptos de la que actualmente llamamos nuestra sociedad y estoy también en contra de todos aquellos preceptos que dicen ser ‘soluciones’ al problema actual, el hecho de estar en contra de algo no siempre implica un odio irracional o el estar tranquilo con ello, sin importar que tan ambiguo pueda sonar.
El fusionar, como he escrito, enriquece y trae más beneficios que maleficios (sin importar que piensen algunos trogloditas), y por otro lado el sentido de hermandad (como vínculo, más que como organización) el cual creo está un peldaño por encima de la amistad y va más allá del hecho de llamarse hermanos o serlo de sangre, es para mí un soporte incondicional, con ventajas que el hecho de ser familia restringirían, pero que dentro de la amistad serian demasiado holgados, ese vinculo unido a la combinación armónica de las cosas es lo que hace al metal lo que es, casi un sentimiento y en lo que eventualmente deberían convergir una serie de cosas.
En este punto no estoy seguro de que todo lo escrito antes de este párrafo esté conectado, o al menos si tiene sentido; pero resumiéndolo en algunas líneas podríamos decir que siempre se trata de preguntar ¿por qué? y ¿cómo? en el momento adecuado, saber que la fusión pende también de los hilos del equilibrio y que la hermandad nos describe un vinculo profundo que puede conectar a dos personas, incluso más allá de lo que puedan creer. Ahora les corresponde responder ¿hasta qué punto es cierto? o al menos ¿hasta qué punto podríamos llegar a forzar tal cohesión en campos tan diversos? hasta para mi (que he planteado el problema) resulta difícil de imaginar, aunque obviamente lo veo mucho más plausible pues al final de cuentas cada uno ve lo que quiere ver en las cosas que examina, por más objetivo que seamos, ténganlo en mente.
Au revoir

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