lunes, 26 de julio de 2010

La maldicion de la ira

Lo que comenzó como una pequeña salida al 'se me tiene que ocurrir algún tema' tal vez se ha convertido en una de las series encadenadas de entradas mas grandes que alguna vez pueda escribir. Me dejare de pequeñeces, alguna vez escribí una entrada con el título 'Maldiciones', pero lo que no les dije fue que hay un proyecto detrás de esa ideas y una de ellas es esta 'La Ira' y me parece que tal vez me salga un poco del tema en el proceso, pero veo un futuro prometedor para ese escrito. Ahora el plan es publicar diariamente un capitulo y esperar ciertas sugerencias para mejorar algunos puntos sueltos por ahí; quiero hacer de esto una especie de 'cadáver exquisito', así que espero comentarios. Bon voyage mes amies.

Au revoir


3.- Sombras
Estaba frente al espejo del baño, me mire, estaba envejeciendo más rápido de lo que había pensado y me entristecía reconocerlo. Abrí la gaveta y tome el frasco de tramadol, separe dos píldoras, las vi con cierta ansiedad y las engullí, me serví otro trago, directo de la botella, y la deje a un lado. Limpié mis heridas, bañe los cortes con el alcohol y comencé a suturarlos, el dolor era punzante a cada estocada de las agujas; pronto ese dolor desapareció y se transformo en pequeñas picadas, el fármaco no tardo mucho pero aun asi me parecieron horas hasta que estuve completamente drogado. El problema llego cuando tuve que atender esa herida de bala, admito que tuve suerte, aparentemente no había tocado ninguna arteria o vena importante, pero buscar la bala dolía como un demonio ‘el precio de la ira irracional…’ me dije, tome otro trago y continúe con la búsqueda, las pinzas chocaron con algo metálico y lo saque, grité y maldije tanto como pude, pero mis gritos no cesaron pues tuve que bañar la herida en alcohol y luego suturarla. Abrí la gaveta una vez más y saque otro par de pastillas de tramadol, otro trago y a esperar, me duche, vi la sangre correr por mi cuerpo, amaba mi cicatrización, mire mis tatuajes, uno de ellos estaba deformado por la sutura improvisada, me eche a dormir un rato, casi me desplome cuando llegue a la cama anormalmente grande para una persona y prácticamente me desmaye.
Desperté un par de horas después, con un terrible dolor corporal, volví a tomar el combo que me había dado problemas tiempo atrás y finalmente me pude levantar. Tome toda la ropa que me había puesto esa noche y la subí conmigo a la azotea, el decimo piso de aquel edifico, nadie se atrevía a preguntar que ocurría en él, era la ventaja de estar en esa particular zona de Lima, apile las cosas y las quemé, yo vivía en el decimo piso, asi que básicamente la azotea era mía, nadie la usaba, nadie quería ver esa selva de concreto pero yo encontraba cierta magia en todo ese alboroto de grises y luces que se alzaba hasta donde la vista podía ver; atrás ya habían quedado los atardeceres, pero las llamas devorando mis ropas creaban un brillo similar, algo incomodo por el humo que despedían, pero aquel resplandor me traía ciertos recuerdos, y una vez más esas sombras sobre el suelo me torturaban; recordaba a Alana sentada a mi lado, nuestras sombras proyectadas en el pavimento, esa orgia infinita de cemento se fundía con el panorama algo reducido que nosotros habíamos dejado atrás. Las cenizas empezaron a volar, prendí un cigarrillo, el resplandor era ahora mortecino, las llamas morían al igual que las luces en esa selva; todo moría al igual que las esperanzas de regreso de aquellos que había asesinado ‘la ira…’ me repetí y olí mis manos, aun tenían ese rastro metálico tan difícil de desprender propio de la sangre ‘me vendrán a cazar en algún momento…asi como yo lo hago ahora…’ mire el cielo, ya amanecía y tenía que encontrar algo de descanso antes de la siguiente cita. Esa noche también soñé con ella, y extrañamente también con ellos.
Era muy tarde cuando irrumpí en la central, me había asegurado que la mayoría quedara fuera, sabía que era costumbre enviar a los menos importantes a revisar esos ‘alborotos’ y yo me había asegurado de crear múltiples distracciones por toda su jurisdicción. Solo el círculo de amigos y benefactores de esos bastardos se quedaron, el departamento de policía aun estaba abierto y no dude mucho antes de entrar, sabía que sería difícil, sabía que estaban armados, pero yo también tenía mis armas, dos micro UZIs ‘buenas noches…’ les dije ‘que se te ofrece, deberías estar en tu casa con tanto alboroto por acá’ me dijo uno de los que estaba recostado contra el escritorio ‘dos cosas, quiero los archivos de la muerte de la escritora Alana y…’ les dije mientras desenfundaba las armas ‘eso es imposible, hijo…’ dijo el mayor ‘estás loco…’ me dijo otro mientras me apuntaba con su arma, los otros lo imitaron y pronto me encontré rodeado de diez malditos policías corruptos ‘adiós…’ les dije y dispare a las luces; la acción luego de eso fue relativamente rápida, disparos intercambiados, hombres gritando y respirando ahogadamente, sombras iluminadas por los destellos de los disparos y cuerpos cayendo. No sé cuantas balas me rozaron, pero me sentí afortunado porque solo una diera en el blanco, avance entre escombros y di con el cuarto de archivos, retire la caja que contenía lo que buscaba y me la lleve, deje un as de espadas antes de irme, aunque claro, tuve el cuidado suficiente como para imprimir las huellas de uno de esos bastardos muertos.
Salí del lugar rengueando, me costaba avanzar y era consciente del riesgo que implicaba quedarse ahí demasiado tiempo pero mi cuerpo estaba demasiado golpeado, demasiados cortes y esa malditamente dolorosa bala clavaba en mi cuerpo. Avance tanto como pude y pronto estuve en casa y escuche ‘Shadow song’ de Supertramp ‘hermosa…’ resople, me hubiese preocupado más de haber recordado que yo puse ese LP; la recordé y vi mis manos sangrantes y manchadas, antes solo la había llamado, esa noche la lloré y maldije a esa anónima entidad que la había matado. No duro mucho por suerte, y entre al departamento tan pronto acabe, me desperté, solo un maldito resumen del ‘acontecimiento del día’, me levante y mire los restos del reloj, no les preste atención, me dirigí a la biblioteca y saqué algunos papeles de la caja, los deje sobre el escritorio y regrese a la cama; mis heridas se habían abierto, necesitaba algo más de descanso, una vez más el dolor que sentía me reconfortaba, vi mi sombra proyectada en la pared y la toque ‘seria genial si no estuvieras ahí…’dije con cierta decepción.

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