Hace días que una palabra rueda en mi mente: “admiración”. No sé si haya pasado por sus cabezas el preguntarse por qué admiran a alguien, si es que lo hacen (no juzgo eso) tienen también la posibilidad de pensar en aquella razón que los aleja de esa fascinación. Cortare la ilación de esta idea con algo que realmente no vale la pena mencionar, pues los pocos que siguen este marasmo de palabrerías ya se habrán percatado de ello, no escribo hace tanto (con la continuidad que vio marzo, febrero, enero y parte de diciembre) que las letras me parecen más grandes y aunque con cierta facilidad, siento a mis dedos algo torpes, si bien es mejor que me mano para seguir el ritmo de mi cabeza; y aunque lo anterior haya parecido alejarse algo del tema, lo vinculare más adelante.
Continuando con la idea principal, ¿por qué admirar, se gana algo con eso acaso? mi particular postura frente a ello tal vez resulta algo hosca: no tiene utilidad alguna, es en todo caso algo riesgoso pues nosotros esperamos que aquella persona sea un buen ejemplo (en todo aspecto pensado) y a veces encontramos que esos individuos no son lo que esperábamos, que tienen demasiadas fallas como para merecer la admiración y con eso algunas de las esperanzas (otra palabra sobrevalorada) puestas en ‘aspirar’ a ser como ellos se derrumban pues nos han fallado, nos han decepcionado (tal vez hable de ello mas en otra ocasión). Tal vez una visión un tanto radical, y si es que se preguntan en este momento si es que admiro a alguien, la respuesta es sí, y es de alguna manera una persona que de decepcionarme no me golpeara porque la visión que tengo de la ‘admiración’ es la aceptación de que si bien nos muestra buenas cualidades, que tiene también igual número de fallas que tal vez o no muestra.
Ahora ¿por qué NO admirar? Las razones pueden ser múltiples y tal vez se deban al hecho ya mencionado (para mi, que toman a la persona como un ‘quiero ser como tú, porque eres perfecto’, y una vez se los escribo, la perfección aunque buscada -en mi caso casi obsesivamente- no es encontrada, no existe, siempre hay pequeñas fallas), pero tal vez una de las más solidas venga del hecho de que desconfiamos tanto de todos que algo tan ostentoso como ‘admirar’ no está dentro de nuestros planes y a decir verdad no suena tan desesperado o inadecuado como muchos podrían llegar a creer (al menos eso pienso) pues ellos simplemente no quieren arriesgarse.
Ahora como se vincula todo eso con mi comentario anterior, pues una persona que he dejado de ver durante un tiempo y de quien aparentemente no conozco tanto como creía, me dijo eso y me animaría a versar sus palabras, pero no quiero causar la impresión incorrecta, porque a veces escuchamos lo que queremos y el orgullo (uno de mis pecados favoritos) nubla mucho ese tipo de juicios porque, aceptémoslo, en el fondo todos somos altruistas. Yo no respondí, me limite a sonreírle y le dije que de alguna manera yo también empezaba a ser un admirador suyo; no sé si hable para complacer sus deseos en ese momento, pero en este momento siento que ella si es digna de esa palabra. No me sacaran el porqué, pero sencillamente no creo que ser un admirador sea el popular (otra desagradable palabra) seguir, casi hasta el obsesivo punto de ser un ‘stalker’ a una figura pública o cualquier otro ente (los actores no tienen asegurado el rango de persona) que les atraiga o cuyo trabajo resalte sobre otros, o incluso al más estúpido y vacio de todos ‘porque son bonitos’ y para aquellos estúpidos ojos que solo sienten el momento me temo que George Sand les diría esto: “La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”. Por mi parte seguiré pensando y reflexionando si es que las personas que admiro merecen tal respeto, espero que después de toda esta palabrería más de uno piense en ello y vea que esta palabra ha ido perdiendo su valor a través del tiempo; si nos cruzamos algún día y nos llegamos a conocer bien, sepan que si se las digo será porque verdaderamente lo pienso.
Continuando con la idea principal, ¿por qué admirar, se gana algo con eso acaso? mi particular postura frente a ello tal vez resulta algo hosca: no tiene utilidad alguna, es en todo caso algo riesgoso pues nosotros esperamos que aquella persona sea un buen ejemplo (en todo aspecto pensado) y a veces encontramos que esos individuos no son lo que esperábamos, que tienen demasiadas fallas como para merecer la admiración y con eso algunas de las esperanzas (otra palabra sobrevalorada) puestas en ‘aspirar’ a ser como ellos se derrumban pues nos han fallado, nos han decepcionado (tal vez hable de ello mas en otra ocasión). Tal vez una visión un tanto radical, y si es que se preguntan en este momento si es que admiro a alguien, la respuesta es sí, y es de alguna manera una persona que de decepcionarme no me golpeara porque la visión que tengo de la ‘admiración’ es la aceptación de que si bien nos muestra buenas cualidades, que tiene también igual número de fallas que tal vez o no muestra.
Ahora ¿por qué NO admirar? Las razones pueden ser múltiples y tal vez se deban al hecho ya mencionado (para mi, que toman a la persona como un ‘quiero ser como tú, porque eres perfecto’, y una vez se los escribo, la perfección aunque buscada -en mi caso casi obsesivamente- no es encontrada, no existe, siempre hay pequeñas fallas), pero tal vez una de las más solidas venga del hecho de que desconfiamos tanto de todos que algo tan ostentoso como ‘admirar’ no está dentro de nuestros planes y a decir verdad no suena tan desesperado o inadecuado como muchos podrían llegar a creer (al menos eso pienso) pues ellos simplemente no quieren arriesgarse.
Ahora como se vincula todo eso con mi comentario anterior, pues una persona que he dejado de ver durante un tiempo y de quien aparentemente no conozco tanto como creía, me dijo eso y me animaría a versar sus palabras, pero no quiero causar la impresión incorrecta, porque a veces escuchamos lo que queremos y el orgullo (uno de mis pecados favoritos) nubla mucho ese tipo de juicios porque, aceptémoslo, en el fondo todos somos altruistas. Yo no respondí, me limite a sonreírle y le dije que de alguna manera yo también empezaba a ser un admirador suyo; no sé si hable para complacer sus deseos en ese momento, pero en este momento siento que ella si es digna de esa palabra. No me sacaran el porqué, pero sencillamente no creo que ser un admirador sea el popular (otra desagradable palabra) seguir, casi hasta el obsesivo punto de ser un ‘stalker’ a una figura pública o cualquier otro ente (los actores no tienen asegurado el rango de persona) que les atraiga o cuyo trabajo resalte sobre otros, o incluso al más estúpido y vacio de todos ‘porque son bonitos’ y para aquellos estúpidos ojos que solo sienten el momento me temo que George Sand les diría esto: “La belleza exterior no es más que el encanto de un instante. La apariencia del cuerpo no siempre es el reflejo del alma”. Por mi parte seguiré pensando y reflexionando si es que las personas que admiro merecen tal respeto, espero que después de toda esta palabrería más de uno piense en ello y vea que esta palabra ha ido perdiendo su valor a través del tiempo; si nos cruzamos algún día y nos llegamos a conocer bien, sepan que si se las digo será porque verdaderamente lo pienso.
Au revoir
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